La quinta columna

Pesadilla europea

Le recuerdo además que su nunca bien ponderado presidente lleva dos años sin tomar medida alguna de ajuste

21.01.2016 | 05:00

Bruselas no da tregua. Es esa voz de la conciencia que te despierta la noche que estás durmiendo a pierna suelta después de una buena cena para recordarte que estás en números rojos y faltan quince días para final de mes. Ahora insiste con el déficit público y la necesidad de nuevos recortes. ¿Pero oiga, no estamos creciendo por encima de lo previsto, como acaba de decir en el telediario nuestro impasible ministro Luis de Guindos? Sí, responde la conciencia (perdón, el viceministro de la Comisión Europea, en este caso, Valdis Dombrovskis), es verdad, pero en 2015 ustedes han vuelto a incumplir, y van no-sé-cuántos años, la previsión de déficit, que se la pusimos en un 4,2% y va a llegar al 4,7% si nuestras mejores previsiones no fallan. Y permítame que insista, continúa –ya no sé si es el tal Valdis o Matías Prats en la televisión que se quedó encendida–, para 2016 les pusimos la barrera del 2,8% y, a la vista de sus presupuestos, no bajará del 3,6%. Le recuerdo además que su nunca bien ponderado presidente –no hay quien detenga a este hombre, que va creciéndose en retórica– lleva dos años sin tomar medida alguna de ajuste y se permitió bajar impuestos porque se acercaban elecciones.

Ya, ya, me oigo contestar en este sudoroso duermevela, pero nuestro De Guindos dice que el PIB español va a crecer más de lo que ustedes creen, así que eso compensa si nos vamos unas decimillas en el déficit de marras.


Bueno, puede ser –el tipo no cede, definitivamente la última copa sobró anoche– en ese caso en lugar de recortar gastos públicos por 9.000 millones podríamos dejárselo en unos miles de millones menos.

Desde la radio de la mesilla de noche emerge entonces la voz de Emilio Ontiveros, analista de referencia –¿quién no tiene uno hoy?–, que replica que la cuestión es que el diagnóstico está equivocado, que España nunca ha tenido un problema de déficit público (sí privado) y que, por tanto, aplicarle la misma medicina a base de recortes que a Grecia o Portugal es erróneo. Vendría a ser, imagino con un ojo aún cerrado, como si te diagnostican un cáncer de pulmón y te someten a diálisis.

Al final, tanto ruido ambiental me despierta del todo. Me alegra casi haber sido yo el del sueño y no Pedro Sánchez, Rajoy, Rivera, Iglesias o quien tenga que gobernar más tarde que pronto, porque soportar una cantinela así cuando has prometido mejorar la sanidad, la educación y la financiación autonómica, instaurar una renta mínima garantizada, subir el salario mínimo y el poder adquisitivo de los funcionarios es como para pensar que más vale el exilio que la Moncloa. A no ser que se hayan formado en Hogwarts o en la escuela de magia de Juan Tamariz. Porque después de lo de Tsipras no creo que nadie diga ya que se puede gobernar por libre, haciendo oídos sordos a la UE. Así que o es eso o alguien les ha convencido de que existe una ley que obliga a incumplir las promesas electorales. Porque por inocentes no creo que nos vuelvan a tomar, ¿no?

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