El Palique

Tsunami en Málaga

De repente no sentí temblar la tierra bajo mis pies. No pensé en la fragilidad del ser humano. No elucubré acerca del poder de la naturaleza. Y, claro, había un terremoto

22.01.2016 | 05:00

El Instituto Geográfico descarta que vaya a producirse un tsunami en las costas de Málaga. Vaya. Siempre es un alivio. Yo estaba ayer comiéndome un boquerón cuando no sentí abrirse la tierra a mis pies, ni pensé en la fragilidad del ser humano, ni cavilé acerca de las placas tectónicas, ni en que era joven para morir. Pensé en que los boquerones estaban en su justo punto de fritura y que seguramente no habían escatimado el aceite de oliva. No es que cuando haya un terremoto me ponga frívolo o comilón o apoye la industria local dándome al boqueronismo. Es que no sentí el terremoto. De pronto, todos los compañeros de mesa hablaban de que se había producido un terremoto. Pero claro, lo decían porque habían abierto el Twitter o algo parecido con los telefonitos y parecía que todo el mundo hablaba de lo mismo. La gran pregunta es: si estando en el transcurso de una agradable comida en un sitio excelente y en muy buena compañía y con boquerones y pimientos fritos en la mesa hay que ponerse a mirar el teléfono es que ¿estamos tontos?, ¿estamos aburridos?, ¿no nos gustan los boquerones?, ¿hay quién abre el teléfono doscientas veces sólo para ver si una vez consigue leer que hay un terremoto?

El tal seísmo tenía una escala de cuatro y pico, lo cual es una escala muy seria, dijo alguien muy serio. Afortunadamente no hubo víctimas. Se declaró en el norte de África y se dejó sentir con fuerza en zonas costeras de Andalucía. La gente se lió a llamar al 112. A ver, si no te pasa nada, ¿llamas al 112 para que se enteren de que hay un terremoto?, digo yo: ¿no lo sabrán ellos antes? Probablemente uno está escribiendo este artículo para conjurar un miedo de grandes proporciones a la naturaleza y a sus desvaríos. Uno sirve para estar en una mesa celebrando la amistad y la vida con buen yantar, vino pasable y ligera esperanza de que la tarde no sea inclemente; sin sobresaltos. Para lo mismo pero con sobresaltos, no. No vale uno. Para descargar muelles, tampoco. Ni para morir joven. Para elucubrar acerca de la fragilidad del ser humano sí sirve uno. Pero ya lo han hecho mejor otros antes. No es descartable que alguien muera a causa de tanto pensar en su fragilidad. Se olvidan de almorzar. Si hubieran comido boquerones tendrían un cuerpo sano con sus niveles de sodio y potasio bien y todo. Y no se comerían el tarro. Los boquerones, sí. No habrá un tsunami. Por ahora, queridos.

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