La señal

De lo que no se habla

24.01.2016 | 05:00

Interesante flor en este páramo la Asociación Red Floridablanca, con una ex becaria de FAES a la cabeza, Isabel Benjumea, que se pregunta en voz alta por qué la gente no vota al PP y reclama como afiliada un Congreso libre para elegir a los dirigentes de su partido. Suerte en esta hermosa aventura, Isabel, la aventura de la libertad, pero difícil lo tienes, que nadie deja sus privilegios sino es en lucha a muerte, y esto a la postre es el poder. Y si de poder hablamos, económico en este caso, fíjense las compañías que vamos conociendo, IU con ERC y Bildu (criatura de ETA), aliados en el Congreso para obtener más recursos, la pasta es la pasta. Aquel viejo edificio de San Jerónimo, y el de la Plaza de la Marina, en Madrid, se han convertido en sendos zocos marroquíes del regateo y el cambalache.

Y Podemos de Málaga (Vargas) es tomada por hambre y la Secretaría General queda en manos de tres consejeros afines a la dirección nacional y de La Invisible. Pero tires por donde tires te coge el toro Joaquín Ramírez, o los jabalíes, porque mi alcalde le echa la culpa a éstos de los daños en La Concepción, ¿y la culpa in vigilando?, silencio, se rueda.

Pero Suecia me indigna porque retira su apoyo al Sahara para evitar el veto de Marruecos a un Ikea, eso es política exterior, Margallo, por cierto, que se te transparenta el deseo de amanecer de presidente. Pero más que todo esto, que Ciudadanos haya renunciado a su propuesta de suprimir el agravante de violencia de género –que los hombres penen más que las mujeres– me desazona, era otra causa justa en estos tiempos de ignominia. Le voy a hacer llegar a Manuel Franquelo –el hombre tranquilo, de Mankiewicz– y a Marisa Valero, que fue candidata al Senado por Ciudadanos en Málaga, un libro, La violencia en la pareja: bidireccional y simétrica. Análisis comparativo de 230 estudios científicos internacionales, de la Asociación para el Estudio del Maltrato y el Abuso, a ver si se acaban ya los autos de fe, como le sucedió a mi amigo el ingeniero de Caminos –que trabaja en la ampliación del metropolitano de Londres–, Eloy Pérez. Sucede que en privado las personas normales reconocen cosas que en público callan. Corrección política se llama esto, contraria siempre a la libertad de expresión. Por eso me gustaron las palabras de mi presidente, Rafael Salas, en el almuerzo de San Francisco de Sales, en lo más alto de El Pimpi, que dijo cosas como que «este es un trabajo de autor». Aunque glosó la conveniencia de la incorporación al cuadro médico de varios psiquiatras, sí, Rafael, hay que estar un poco locos para este oficio. Y recordó a dos periodistas secuestrados, Pampliega y Sastre, sobre los que como siempre el Gobierno quiere un manto de silencio mientras negocia para traerlos a casa, porque el Gobierno no manda a los militares a liberarlos, eso lo hacen Francia y los USA, este gobierno hace el amor y no la guerra. Por cierto, el otro día me hablaron del captagón, la droga de los yihadistas. Ya fuera de las sombras, Manuel Arias, profesor de la UMA, del que leí su tesis doctoral bajo el título de Sueño y mentira del ecologismo, viene ahora a decirnos algo que sabemos pero de lo que tampoco se habla –pese a la actualidad de la Cumbre de París–, que el cambio climático no es una prioridad para los ciudadanos y que la modelo Kim Kardashian tuvo más búsquedas en Google que la expresión cambio climático. A propósito, acabo de adquirir por Amazon, Nómadas del Estrecho de Gibraltar, de Fernando Barrios, una guía de la migración de las aves. ¡Qué belleza, la de estos otros cuerpos en vuelo! Ya puestos, Emilio Calderón gana el Premio Stella Maris con su biografía de Aleixandre. Aún acercándonos a la vida de algunos poetas no entenderemos su obra, porque en ellos habita una pasión inexplicable, y ahí lo dejo, hoy me arrimo a Federico y su Romance sonámbulo, más del mundo::

"Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de Holanda.
¿No veis la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es mi casa".

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