En solo 725 palabras...

Síntesis

27.01.2016 | 05:00

El idioma incontenible de la calle, más allá del portal de al lado, corre el riesgo de no comprenderse. Así, si una dama de nuestro terruño próximo dice «cari, hoy estoy guarnía...», mejor que el destinatario de su mensaje sea su coterráneo, porque si no, no comprenderá que la dama, hoy, lo que está es cansada; es decir, que «le duele la cabeza». De igual manera, si mi amiga Maripuri –que presume de que nunca «le duele la cabeza»– le tirara los tejos a mi amigo Diegotxe con un rotundo «tío, me pones una pechá...», por ejemplo, me temo que, por desconocimiento del malagueñismo pechá, Diegotxe, que es de Zarautz, perdería la oportunidad de compartir algunas cosas con Maripuri. ¡Con la de cosas que tiene Maripuri para compartir, tú...!

Hablando de compartir: compartir implica hablar el mismo idioma, en sentido metafórico, claro. La concomitancia exige correlación, afinidad, coincidencia, proximidad, concurrencia... Si no, será otra cosa, pero no concomitancia. Síntesis, quizá, por ejemplo. La concomitancia, per se, expresa acompañamiento y cooperación. La síntesis, resultado. Y yo me pregunto, ¿habrá capacidad de síntesis entre los políticos que nos ha tocado sufrir y disfrutar en estos tiempos? En caso afirmativo, ¿sus capacidades sintetizadoras, se sustanciarían desde el sentido estatutario y pseudodoctrinal partidario y partidista, o desde el sentido pueblocrático de por el pueblo, solo por el pueblo, todo por el pueblo...? Me hago estas preguntas porque mostrarme seguro me incluiría irremisiblemente en el grupo de los imbéciles que están seguros de todo, pero lo confieso: vistos los mimbres con los que los cesteros pretenden construir el cesto común, ambas preguntitas me producen una jindama infinita. A mí, las tácticas y, si las hay, las estrategias, de todos y cada uno de los actores del actual vodevil político, me reafirman en que ninguno de los actores me representa. Y eso es triste, muy triste, horrorosamente triste, porque me hace sentir apátrida en mi propia casa.

Ha rato que vengo escuchando un runruneo gardeliano a todas horas, pero no sé bien de dónde viene. Y seguro que no me aliviaría saberlo:

–Yo adivino el parpadeo / de las luces que a lo lejos / van marcando mi retorno... Son las mismas que alumbraron / con sus pálidos reflejos / hondas horas de dolor... Y aunque no quise el regreso / siempre se vuelve...

La verdad es que, habida cuenta de la vesania general del proceso –periodo de elecciones incluido–, no me extrañaría que hubiera algunas almas políticas con el tango de Gardel en la cabeza. Y, si esto fuera cierto, tampoco me aliviaría.

Hablando de alivio: Tampoco me alivian las alharacas fitureras, ni la media del perfil profesional de las representaciones costasoleña y andaluza, en las que, sin incluir a los esforzados técnicos, se han contado tantos, o más, políticos profesionales que profesionales turísticos. Insisto: las estrategias de participación en las ferias turísticas que condicionan significativamente el presupuesto general, deben ser perspicuamente replanteadas, atendiendo, exclusivamente, a su oportunidad de mercado y a su retorno turístico-profesional. Sin la componente ortopédico–política de Fitur, la inversión hace tiempo que no se justifica. Obviamente, excepto en el caso de Ifema, que es un paradigma de la estacionalidad bien entendida.

¿Cuántas horas dura Fitur? ¿Qué porcentaje de ocupación verifica Ifema durante Fitur? ¿Qué representa Fitur para Ifema? ¿Quién es el verdadero cliente de Fitur? ¿Las empresas turísticas, quizá...?

Desestacionalizar es un palabro mendaz, además de un engañabobos que usa con irresponsable soltura la OMT. Ifema hace tiempo que lo sabe, por eso lo suyo es estacionalizar, que es lo contrario de desestacionalizar. Ifema estacionaliza su gestión en función de sus capacidades reales de intervención en el escenario competitivo en el que participa, sin desequilibrar el centro de gravedad que conforman su oferta y su demanda. ¿Cuánto ha crecido la capacidad –suelo– de Ifema en los últimos tiempos? ¿Por qué no ha crecido más? ¿Cuánto ha crecido la oferta de la Costa del Sol y Andalucía en el mismo periodo, sea cual sea? Finalmente, ¿para qué sigue creciendo la Costa del Sol?

La síntesis responsable es una herramienta seria. Y, hoy, tanto me aterra la del ejercicio político patrio, como la de los ecos estratégico-turísticos que no asumen que los planes gestores de la estacionalidad turística costasoleña, para huir de las quimeras, exigen, sí o sí, limitaciones estacionales de su volumen de oferta.

Ay, esas síntesis...

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