El desliz

Un torero de pocas luces

31.01.2016 | 05:00

Los pediatras suelen prescribir a los padres primerizos y asustados por la perspectiva de cuidar bien a sus bebés altas dosis de sentido común y mucho amor. No dudo de que al torero Fran Rivera Paquirri le sobre lo segundo, pero desde luego le falta mucho de lo primero. Con orgullo de estirpe, porque su progenitor muerto en una plaza hizo lo mismo antes con él, colgó en las redes sociales una foto suya toreando una vaquilla con su hija Carmen de cinco meses en los brazos, compartiendo así con sus seguidores el bautismo de arena de otra generación. Se le han tirado encima los antitaurinos, algunos taurinos, los profesionales de cuidados a la infancia y, con la boca pequeña, todos los representantes de organismos oficiales encargados de velar por la integridad de los menores en este país, que sí han considerado reprobable la actuación del matador, mas no punible. Teniendo en cuenta que los expertos recomiendan alejar a los críos de la televisión hasta los dos años porque el aluvión de imágenes y estímulos sensoriales no puede ser digerido por su cabeza en evolución, imagino lo que debe pasar por la mente de un cachorrito de humano como el bebé Rivera cuando se percibe colgando sobre un bicho ensangrentado de un par de cientos de kilos. Su cerebro reptiliano la debió retrotraer a la época de las cavernas, que es ni más ni menos que donde le ha tocado en suerte vivir. Resulta que llevar a tu hijo mal atado en su silla del coche te puede costar una buena multa, pero exponerlo gratuitamente al embate de un animal se salda con una reprimenda. Espero que la madre de la criatura, que cuando ya estaba saliendo de cuentas tuvo que cuidar a su marido en la UCI después de una cogida gravísima en Huesca, sea más dura con las ocurrencias de su pareja que las instituciones públicas. Aunque lo dudo.

En medio de la tormenta, un buen puñado de toreros han arropado a Paquirri publicando a su vez imágenes en las que entrenan en sus fincas mientras cargan a los hijos pequeños. Olé el corporativismo. He ahí la demostración de que a la fiesta nacional le van quedando dos telediarios, la prohíban por ley o no lo hagan, pues incluso a quien defendería que cada cual decida si acude a una plaza o no le tiene que repugnar ver a los niños expuestos a un peligro sin venir a cuento. Que ya bastantes accidentes desgraciados ocurren sin necesidad de salir a tentar a la mala suerte. Si el futuro de los toros está en las manos de esas cabezas que embisten como astados en lugar de dedicarse a argumentar, o incluso reconocer el error, apañados van. La ya gigantesca brecha entre la sociedad española actual y la tauromaquia no puede sino ampliarse con episodios como este, autogenerado y estúpido. Si en algún momento se somete a referéndum la pervivencia de la fiesta la foto de Paquirri no le dará votos, desde luego.

Ellos y nosotros. Mientras Fran Rivera compartía con el mundo la imagen de su niña en el ruedo, el creador de Facebook, Mark Zuckerberg hacía lo propio con una del primer baño de su primogénita, Max, en la que la nena aparecía relajada flotando en una piscina. Dos maneras distintas de conectar con una hija y disfrutar de tiempo libre con ella para dos hombres que se dedican a enredar, pero de maneras harto opuestas.

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