360 grados

¿Adiós a las Humanidades?

01.02.2016 | 05:00

Criticaba recientemente en un diario nacional el profesor Francesc de Carreras «la progresiva disminución de las asignaturas de humanidades –Literatura, Filosofía, Historia, Geografía– «en los distintos niveles de enseñanza y lo calificaba certeramente como «un ataque frontal a la cultura». Ese mismo día y en el mismo periódico aparecía una fotografía, uno de esos estúpidos selfies, en la que aparecían el presidente de China, Xi Jinping, y el primer ministro británico, David Cameron, ambos sonrientes junto a un más que satisfecho Sergio Agüero, futbolista del Manchester City.

He de reconocer, tal vez para mi vergüenza, que desconocía a ese Agüero e ignoraba por tanto que jugase ahora en el equipo británico, algo que no debe de ignorar, sin embargo, ningún aficionado de ese deporte que mueve desde hace tiempo millones de dólares.
Los dos políticos citados, ideológicamente tan distantes, no se hicieron fotografiar junto a un gran investigador, un escritor o un premio Nobel, de los que tanto abundan por cierto las universidades británicas, a diferencias de las nuestras, sino junto a un futbolista, con seguridad multimillonario.

El profesor catalán cargaba consecuentemente en el artículo contra los «desenfrenados gastos en fichajes y los fabulosos juegos de jugadores», que no parecen, sin embargo, escandalizar a nadie en un país como el nuestro donde maestros, médicos y otros buenos profesionales ganan a veces sueldos ridículos.

Cualquier cosa que tenga que ver con el fútbol, como puede ser el descenso de un equipo a una división inferior, el despido de un futbolista o un entrenador, puede dar origen a multitudinarias manifestaciones de los hinchas, como si les fuera la vida en ello.

Viene todo esto a cuenta del menosprecio que está sufriendo también, según las noticias que nos llegan del mundo universitario, la historia de la filosofía, que al parecer va a pasar a ser una asignatura optativa, como la religión.

Muy pronto nuestros jóvenes estudiantes no sabrán quiénes fueron, ni por supuesto qué pensaban, Platón, Spinoza o Rousseau porque sus nombres no les sonarán de nada, a menos que, alguno, picado por la curiosidad, decida buscarlos en Google.

Y lo mismo ocurrirá con la obra de los grandes poetas y escritores del pasado, desde Homero u Ovidio hasta Tolstoi, Dostoyevski o Kafka, pasando por Dante, por Rabelais, Cervantes, Molière y tantos otros, a los que no habrán nunca leído? ni falta que les hace, según parecen pensar ya hoy muchos.

Eso sí, habrán aprendido mientras tanto tal vez informática e inglés, no por supuesto el rico y profundo inglés de Shakespeare o de Faulkner, sino uno puramente instrumental que tal vez les abra algunas puertas, sobre todo si tienen que emigrar en busca de trabajo, pero que sobre todo los convertirá en mejores consumidores, pues de eso sobre todo se trata.

Humanidades, saberes que nos ayudaban a ganar perspectiva sobre la realidad, que nos enriquecían y permitían entender mejor el mundo y a entendernos también mejor de paso a nosotros mismos, pero que parecen cada vez más prescindibles en una sociedad que no quiere espíritus críticos sino ciudadanos dóciles y conformistas.

Y con ese progresivo olvido de la lectura, ¿cómo extrañarnos, por otro lado, de que se hable y escriba cada vez peor nuestra propia lengua cuando muchos de los que hablan por radio o televisión –políticos incluidos– cometen cada vez más disparates y, en su ignorancia, forman muchas veces sus frases por aproximación, sin saber realmente lo que dicen?

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