Impresiones

Empieza el espectáculo

01.02.2016 | 05:00

Hoy, lunes, comienza en Iowa el largo proceso de primarias abiertas que durará hasta julio, cuando las Convenciones de ambos partidos proclamen a sus candidatos a la Casa Blanca. En el partido Demócrata compiten Hillary Clinton y Bernie Sanders, pues O´Malley parece muy descolgado. Los Republicanos están más divididos con una decena de candidatos peleando por ver quién es el más radical en un campeonato que por el momento lidera Donald Trump, a quien Rand Paul ha llamado Gollum, el personaje obsesionado por el poder de El Señor de los anillos. A Trump le sigue el senador tejano Ted Cruz, que tiene muchos apoyos entre los votantes evangélicos, mientras pierde puestos Jeb Bush, que partía como favorito.

Después de Iowa vendrá New Hampshire y así hasta julio. Iowa es un estado pequeño, rural, prominentemente blanco y por lo tanto poco representativo pero su voto tiene una gran importancia psicológica. Entre los Demócratas parece liderar Hillary Clinton, que tiene a su favor el aparato del partido y el dinero, aunque Sanders es una bocanada de aire fresco como lo fue Obama en 2008. Sanders, senador por Vermont de 74 años y judío, que se define como «socialista democrático» y admirador del sistema escandinavo, no es miembro del partido y ataca a Wall Street defendiendo a la clase media en crisis. Propone más impuestos, más programas sociales, seguro médico federal obligatorio, menos intervencionismo militar... Soñador e idealista, entusiasma a los jóvenes y ha obligado a Hillary a girar algo a la izquierda.

Por su parte, Hillary Clinton tiene que ganar estas primarias para que no reaparezcan los viejos fantasmas de 2008, cuando también era favorita y fue apartada por un casi desconocido senador de Illinois. Su política es continuista con respecto de Obama en lo que se refiere a Sanidad, Seguridad y Economía, aunque sea más belicosa en Defensa pues era partidaria de la guerra de Irak y de mayor firmeza con Siria. Si Obama fue el primer afroamericano en ganar la presidencia, ella tratará de ser la primera mujer que llega a la Casa Blanca y muestra para ello la mejor preparación que nunca ha tenido un candidato presidencial. Aún así, su campaña está siendo sosa, necesita algo que entusiasme y motive y aún no lo ha encontrado. Contra ella juega el aforismo del gran gurú electoral David Axelrod, que afirma que los votantes buscan lo contrario de lo que tienen y por eso Kennedy sucedió a Eisenhower, o Carter derrotó a un Ford continuador de la herencia de Nixon.

El sorprendente éxito del energúmeno Donald Trump tiene dos soportes importantes: el miedo de los blancos, que van camino de ser una minoría en los EEUU, y en particular el miedo de los hombres blancos de clase media/baja con menor educación, que sienten sus intereses económicos amenazados por los hispanos, y su seguridad amenazada por los terroristas islámicos. Por eso Trump propone expulsar a 11 millones de hispanos en situación irregular y rechazar en las fronteras a todos los musulmanes. Es una política populista y tosca, no diseñada para hacer amigos pero que conecta con esos miedos, como hace Marine Le Pen en Francia. La otra arma de Trump es su autenticidad. Es un hombre sin dobleces que se apoya en la inefable Sarah Palin (¡lo que le faltaba!) y que dice las cosas como las siente, que no se deja llevar por estrategas electorales y por lo que es políticamente correcto (aunque su enfrentamiento con la poderosa Fox News le puede salir muy cara), y esto es algo que se agradece en medio de tanta mercadotecnia. ¡Los Clinton hicieron una encuesta pública para averiguar qué nombre para su perro tendría mayor aceptación popular! Al igual que Sanders, tampoco Trump tiene el apoyo del aparato de su partido pero en cambio tiene mucho dinero y amenaza con presentarse como independiente si no le endosan, aunque ello dividiría el voto conservador. No sería la primera vez que independientes rompen el sistema bipartisano, recuerden a Ralph Nader o a Ross Perot y en en esta elección también amenaza con hacerlo otro millonario, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg.

La elección de 2016 está teñida por la peor crisis financiera desde 1929, por el desencanto, por el derrumbe de la clase media en una sociedad donde los ricos son cada vez más ricos (el famoso 1%) y hay cada vez más pobres, por el desvanecimiento del sueño americano basado en la igualdad de oportunidades, porque por vez primera la próxima generación va a vivir peor que la de sus padres, por la amargura de otras dos guerras no ganadas, y por por la impresión de una influencia decreciente en el mundo. Todo a pesar de que la economía vuelve a crecer y la cifra de desempleo muestra un envidiable 5%. Este desengaño explica que crecieran movimientos como el Tea Party, radicales de derecha que exigían menos gasto, menos impuestos y una menor intromisión del gobierno en sus vidas, y el opuesto de Occupy Wall Street, inspirado en los Indignados de la Puerta del Sol madrileña, que deseaban mayor regulación, menos capitalismo salvaje y más políticas sociales. Si este desencanto y esta indignación se imponen en el país, los candidatos de la periferia como Sanders o Trump pueden tener opciones aunque no lo tendrán fácil pues ofrecerían un blanco fácil a los ataques del otro bando (a menos que se enfrenten entre sí), y provocarían mucho rechazo en el centro político moderado que es el que al final otorga la victoria.

Pónganse cómodos, empieza un espectáculo que nos afecta a todos.

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