En corto

El destino es el carácter

02.02.2016 | 05:00

La cultura democrática se asienta en el total respeto a la verdad de los hechos, y en la desconfianza radical a la verdad de las ideas. Es posible que nuestra cultura nacional funcione justo al revés: un escaso respeto a la verdad de los hechos, que nos lleva a veces a mentir como bellacos, y un culto desmedido a las propias ideas, que nos impide mezclarlas con las de los demás para llegar a un pacto. La verdadera renovación de la política vendría de la mano de un cambio cultural que le diera la vuelta a lo anterior, pero eso ya son palabras mayores, y nadie parece dispuesto a emprender una reforma de semejante calado. Siempre resulta más sencillo ponernos a cambiar las cosas –o fingir que lo hacemos, al socaire del poco respeto a la verdad de los hechos– que cambiar nuestro carácter. Pensar que ese carácter sea común al Sur de Europa sería ya meternos en temas de religión.

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