Crónicas galantes

El leninismo de la tele

02.02.2016 | 05:00

"Son puro leninismo 3.0", dijo el otro día Felipe González a propósito de Podemos, como si un movimiento tan amplio pudiera resumirse en tres palabras y dos números. Igual González quería subrayar que el partido de Pablo Iglesias es la versión beta de un programa ideado para hacer pasar por socialdemócratas a los leninistas –o comunistas- de toda la vida. Aun si ese fuera el caso, no se trataría de novedad alguna.
El propio Lenin vaticinó por toda la perilla que el socialismo científico llegaría a Rusia mediante una combinación de electricidad y soviets. El fluido eléctrico era a aquellas alturas inaugurales del siglo XX la equivalencia más o menos aproximada de lo que hoy representan internet y las redes sociales en materia de modernidad.

Si el comunismo soviético se apoyaba en el kilovatio, el de Podemos se sustentaría ahora sobre el uso de las nuevas tecnologías de la información. A eso parece aludir el concepto 3.0 aplicado por González al leninismo de Iglesias.

Dos objeciones podrían hacerse a esta idea del expresidente y líder ya histórico del PSOE. La primera es que Podemos nació y se desarrolla en un medio tan antiguo como la televisión, que en realidad tiene ya más de medio siglo de experiencia a sus espaldas. La segunda consiste en que los activistas del partido de moda dominan la informática a simple nivel de usuario, como los conocimientos de taquigrafía que antiguamente se exigían a las secretarias.

Ciertamente, los discípulos de Iglesias se mueven con solvencia en las redes sociales que, a fin de cuentas, no dejan de ser un cónclave de papagayos como cualquier asamblea de facultad. Quizá lo suyo sea leninismo, como sugiere venenosamente González; pero en modo alguno le encaja el añadido 3.0 que aludiría a una nueva versión informática de la antigua ideología de los soviets.

La revolución de los bits que ahora mismo se está llevando por delante a tantos negocios tradicionales –el disco, el libro o el taxi– es en realidad un movimiento de carácter crudamente capitalista. Tanto como para que casi todas ellas estén situadas en Estados Unidos o, para ser más precisos, en el limitado espacio regional de California.

Si algo ha favorecido internet es la concentración de empresas en un número cada vez más reducido de emprendedores o, si se prefiere, capitalistas. Google, Facebook y la miríada de corporaciones que nos gobiernan la vida desde internet suelen presentarse como adalides de una economía colaborativa de lo más guay; pero no por ello dejan de ser –en este caso, sí– una versión 3.0 del capitalismo de siempre.
Los jóvenes airados de España se limitan a usar la red de Twitter; y los ya algo más talludos, la de Facebook; aunque esos inventos procedan de un imperio al que por fuerza han de odiar los leninistas, ya sean 3.0 o una nueva versión beta de los bolcheviques.

Resucitar el comunismo usando herramientas propias del capital parece una contradicción más bien insalvable, por más que Lenin sostuviese –erróneamente– que los capitalistas tienden a pagar la soga con la que luego son ahorcados.

De ahí que González incurra en cierta exageración al alertar sobre los peligros de la ideología leninista 3.0 que atribuye a Podemos. Si lo que quería es descalificar al partido de Iglesias, quizá fuese más exacto etiquetarlo como leninismo en versión Belén Esteban. Después de todo, la tele es la común ubre materna de los dos.

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