Tierra de nadie

Limitaciones morales

05.02.2016 | 05:00

Creíamos que Rita Barberá había ido a dar con sus huesos al Senado por casualidad y resulta que no, que ha sido por si acaso. Por si acaso la imputaban, o la investigaban, según la nueva nomenclatura. De hecho, ya han caído 50 de los suyos, entre quienes se incluyen sus colaboradores más cercanos. A eso se le llama huir de la quema o saltar del barco. Nos imaginamos perfectamente a la Barberá saltando del barco frente a los primeros indicios de inestabilidad. Es más, nos la imaginamos abandonando la bodega, subiendo a toda prisa las escaleras que fuera menester para llegar a cubierta y saltar por la borda dispuesta a nadar o a cogerse a una rueda neumática. El Senado es la rueda neumática. Se lo ofrecieron cuando ya era público que los responsables del PP iban a caer en masa. Eso es solidaridad de clase, o puerta giratoria, ahora no caigo.

Hace unos años, con motivo de la publicación de una novela, pasé por Valencia y dije, a preguntas de un medio importante, que del mismo modo que enferman los individuos, enferman las sociedades. Y que la sociedad valenciana estaba enferma a juzgar por su empeño en votar una y otra vez a personas cuya catadura moral, cuando no legal, resultaba más que cuestionable. Ponía los pelos de punta ver en el telediario cómo la gente aplaudía a los corruptos que salían o entraban a los juzgados. Escandalizaba el silencio en torno al accidente del metro, que se reabrió gracias a un programa de televisión de Jordi Évole. Alguien, cerca de mí, después de que el entrevistador se hubiera ido, sugirió que le llamara y que retirara esas palabras. No lo hice, qué pereza, Dios mío, desmentirse.

–Te nombrarán persona non grata –auguró la persona que acababa de aconsejarme.

No solo no me nombraron persona non grata, sino que la frase, pese que se publicó tal cual, no causó enfado alguno. Se aceptó como un diagnóstico clínico. A ver, ¿qué responsabilidad tiene uno en coger la gripe o la hepatitis C? Ninguna. La sociedad valenciana vivía perfectamente adaptada a su enfermedad, aceptando sus limitaciones morales, pero exhibiendo, gozosa, sus beneficios secundarios materiales, como se dice en psicología (supongo).

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