La quinta columna

Mario Vargas se viste de rosa

05.02.2016 | 05:00

Cuando Mario Vargas Llosa empezó a salir en los papeles por haberse enamorado como un adolescente de Isabel Preysler, a la sazón todavía doliente viuda de Miguel Boyer, montó en cólera para embestir contra la prensa española y su desbocado amarillismo a la hora de abordar su romance, que previamente había desvelado con cuentagotas la revista reina del cuché. Portada incluida con posado edulcorado. Esta semana, la pareja va más allá y regala (no se nos pasa por la cabeza que Preysler venda la exclusiva, ¡por favor!) a la publicación una entrevista juntos en la que se pueden leer perlas tales como que su amor es como el de una buena novela romántica. Incluir lo de «buena» es fundamental porque un Nobel no podría nunca protagonizar una historia cursi, previsible, mediocre. Pero tenga usted cuidado en su pase al circuito rosa, don Mario, porque las «buenas» novelas románticas acaban siempre mal.

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