Mal de ojos

Pilar, corre, ven

07.02.2016 | 21:41

Cuatro sigue su loca carrera hacia la extravagancia y el cachondeo sin límites. Dicen sus responsables que su programación es una apuesta clara por la vanguardia, por todo lo que huela a atrevimiento, a moderno. Estos no se enteran. Como Mariano Rajoy, que el hombre está en su mundo y no se entera de nada, no sabe nada, no tiene idea de nada, él vive sin vivir ni en él ni en nada. Le semana pasada le preguntaba la madre superiora de El programa de Ana Rosa, la mismísima Ana Rosa, por los discos duros borrados del ordenador de Luis Se Fuerte Bárcenas en la sede del PP, y el despistado presidente, con el ojo dando saltos en cabriolas a lo Marujita Díaz dijo no saber no sólo nada sino «absolutamente nada». Cuando se le pregunta al hombre que preside España pero lo ignora todo sobre la imputación de su partido a cuenta de las cuentas del PP, responde con su gracejo habitual que «no sé si el partido está imputado. Ha sido citada la gerente con motivo del borrado de unos ordenadores del señor Bárcenas, que es lo que se hace en las empresas cuando el ordenador se entrega a otra persona, pero no conozco cómo está el asunto». Fíjense. El presidente del país y presidente de su partido no sabe «cómo está el asunto» de la imputación a su partido. Bueno, remata más flipado que Felipe González, es que la imputación ya no es una figura del derecho procesal. Acabáramos. ¿Y qué piensa el presi que nada sabe, que todo lo ignora, que nada va con él, de la distribución de escaños en el Congreso, que ha mandado a los de Podemos allá arriba, a los agujeros negros de la galaxia? Ah, dice, ni siquiera sé dónde los han puesto. ¿Qué sabe Rajoy? Nada. Rajoy no sabe nada. Bueno sí, sabe que Rita Barberá, la jefa, «está completamente limpia» minutos antes de que la tormenta de la realidad de su propio partido lo pillara disolviendo su organización por corrupción nombrando a una gestora.

El mundo Badoo

Los de Cuatro tampoco se enteran. O sí, pero venden burras cansadas, repetidas, vistas en todas las ferias de ganado. Estrenaron hace unas semanas Mejor llama a Pilar, una cosa donde una experta, siempre hay alguien capaz de hacer estas cosas, entra en la vida de una pareja para arreglarles su relación. ¿Y quién es Pilar? ¿Quién va a ser?, pues una «coach emocional para este nuevo coaching de Cuatro». Ahora lo entiendo todo. Pilar Cebrián es joven, habla rápido, se pone chupas de cuero rojo, es rubia, se deja el pelo suelto para que se vea más, mira así, como muy preocupada, dice cosas muy profundas como «si hay amor, hay solución», y llega en moto a solucionar las peleas de pareja. Lo normal. Yo tengo celos de mi pareja, le hurgo como poseído en su móvil, escucho sus conversaciones, llamo cada media hora «a ver dónde coño estás», mi vida es un infierno, y no se me ocurre otra cosa que llamar a Pilar. Flipo. Vi una entrega en la que un tal Sergio tontea con su compañera de trabajo y Verónica, casada con él desde hace diez años, no aguanta más. Es, como dice la dramática voz del narrador, «una pareja alejada por las redes sociales». No me digan que no es un programa moderno, de vanguardia. ¿Qué hace Pilar para unir el espejo cada vez más roto de esos corazones –no me negarán que uno, cuando quiere, no se pone a ras de cursilería y mamarrachada–? Se los lleva al campo, les pone enfrente un bastidor de tela, les da una banasta de fruta podrida, como la que podría zamparse Nacho Medina en Yo soy noticia, otro programa puntero de Cuatro, para que la lancen al bastidor mientras se reprochan sus cositas, que si quiero que la borres de tu móvil, que no la llames, que desaparezca ya, y Verónica tira una manzana churretosa a la tela blanca, pues yo quiero que no me controles mis mensajes, y Sergio tira un tomate, y así. Para troncharse. Cuánto mal está haciendo Badoo en el mundo pareja.

Dos en uno

Lo nuevo-viejísimo de Cuatro es tedioso, turbio, obsceno, penoso, una vuelta de tuerca a Hermano mayor, y de hecho sigue el mismo esquema –exposición del problema con los protagonistas interpretándose a sí mismos exagerando el mal rollo, escena donde se reprochan sus faltas, reconducción de la relación cuando interviene la «coach», ay, que vomito, y besos mojados por las lágrimas en la reconciliación–. Cantemos a coro, si hay amor, hay solución. ¿Por qué desde los partidos políticos no llaman a Pilar Cebrián, la experta emocional, la «coach» –es que me parto, de verdad–? Entonces sí encontraríamos una utilidad nacional, pinturera, total, histórica, a Mejor llama a Pilar. Ella llegaría con su moto y su cazadora roja al Congreso, aparcaría al lado de los leones, entraría como una «superwoman» con el pelo suelto, rubio con sus mechas y su todo, e iría llamando a Mariano y al yogurín Rivera, los llevaría a una habitación, los dejaría solos y les pediría que se echaran en cara lo que tengan que echarse, que si no me has hecho todo el caso que quería, que si te he llamado y no me coges el teléfono, que si te digo corrupción te pones tonto, entras en pánico y me das la espalda en la cama, que mira que te conozco, que sé que ahora te llamará Pedro, el elegido, que te cautivan sus dientes, sus hoyuelos, canalla, que a ver si tanto hacerte el estrecho y lo que en realidad quisieras es un trío con el melenas, que dicen que Pablo es una fiera. ¿Se imaginan? Yo sí. No sólo lo imagino. Quiero que se haga realidad. Por el bien de España, del Ibex –¿no es lo mismo?–, por el espectáculo, por los programas de variedades, por el amor, porque si hay amor, sabemos que hay solución. Nuestros políticos son parejas desestructuradas que se dicen sus cosas a través de Twitter, como las de Cuatro se matan entrando en Badoo a espaldas del otro. Y así no hay forma. Mejor llama a Pilar es un fiasco de programa, otro rollo macabeo al servicio del estrambote, pero Pilar Cebrián, como Rocío Ramos Paúl hacía con los críos indomables de Supernanny, debería tomar las riendas. Total, por probar no se pierde nada. Podríamos revitalizar el programa y quizá tener un Gobierno.

La Guinda

#0
Tiene de vida lo que llevamos de semana. Es #0, el canal de Movistar. Cuando veo sus cortinillas, sus promociones, la gente que ya tiene o va a tener programa, desde Andréu Buenafuente a Raquel Sánchez Silva, de Joaquín Reyes a Eva Hache, me recuerda mucho los principios de Cuatro, tan moderna, con aquella imagen de marca tan definida y distinta a las demás. Y en lo que ha quedado?    

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