Punto final

La realidad del deporte base

07.02.2016 | 05:00

Da igual del deporte que hablemos, los clubes y colegios que asumen la responsabilidad de formar deportiva y humanamente a nuestros hijos viven una realidad muy parecida. Estos clubes tienen que asumir gastos de remuneración de los entrenadores (muy bajos), gastos de personal administrativo y organizativo, gastos de material, gastos federativos de inscripción y derechos de arbitraje... Gastos, gastos y más gastos. 

Es cierto que todas las familias que confían en estos clubes la labor tan importante que realizan en la educación de sus hijos pagan una cuota anual o mensual. El precio que debe asumir una familia para que su hijo practique un deporte federado puede rondar entre trescientos cincuenta y cuatrocientos euros anuales. En todos los clubes (salvo alguna excepción) todo el equipamiento deportivo (equipación de juego y de entrenamiento) necesario para entrenar y disputar los partidos también lo sufragan los padres. 

Por mi trabajo, he podido ver los números de diversos clubes en cuanto a gastos e ingresos a través de esas cuotas que perciben de las familias. Les puedo asegurar que con tan sólo esas cuotas los números no salen. Y no salen por mucho. Los gastos que genera un club deportivo de base que compita en competiciones organizadas por la federación correspondiente son mucho mayores que los ingresos a través de cuotas.

Esta realidad la desconocen por completo muchos padres que piensan que estos clubes ganan dinero por el hecho de cobrarles una cuota para que su hijo sea entrenado y juegue cada fin de semana un partido. Seguro que están de acuerdo conmigo en que cuando se trata de la educación y la formación de nuestros hijos no hay ahorro que valga. Coincidirán conmigo en que estos clubes en los que juegan tantos niños deben incorporar en su staff figuras tan importantes como psicólogos o profesores de apoyo. ¿Y qué me dicen de contar con preparadores físicos o fisioterapeutas? Pues es imposible. Si no salen las cuentas sólo con los gastos mínimos es implanteable tener la mejor estructura posible con profesionales en estos campos básicos para el cuidado y la formación de los niños.

La solución no pasa por subir las cuotas de esas familias que ya en muchos casos tienen dos y hasta tres hijos inscritos en clubes deportivos. Las familias ya hacen una inversión por el bien de la educación deportiva del bien más preciado que poseen, sus hijos. Los padres de nuestros jugadores sólo deben tener conocimiento de que ese esfuerzo económico que hacen no es suficiente. Deben ser informados de en qué se gasta ese dinero que aportan para que comprendan que es imposible con esa aportación generar los suficientes recursos para que el club sufrague los gastos que ocasiona que sus hijos entrenen y jueguen.

¿Dónde está la solución? En la implicación de las empresas en forma de patrocinio. No hay otra. Las empresas pueden (muchas ya lo hacen) asumir ese reto tan bonito de ayudar a la formación y educación de los niños que practican deporte y que son el futuro de nuestro país. Invertir e implicarse en este reto es precioso y una demostración de compromiso con la sociedad.

Todos tenemos presente que hemos pasado una etapa de profunda crisis de la que parece se va saliendo, aunque lentamente. También es cierto que esas empresas que invierten en deporte tienen algunos beneficios fiscales. Pero no es suficiente. Los beneficios deben ser mayores para aquellas empresas que no miran a la élite y ponen su dinero para patrocinar clubes de cantera o escuela. Estos patrocinadores no buscan salir en televisión ni en periódicos. Su inversión, por muy pequeña que sea, se convierte en grande por su aportación a la mejora educacional de la sociedad.

El Estado y los organismos competentes en el asunto deben asumir la responsabilidad de potenciar estos patrocinios al deporte base. Es muy importante motivar a esos potenciales patrocinadores aumentando las ventajas que puedan obtener por asumir el importante objetivo de formar y educar deportivamente a nuestros hijos. Esto es una obligación de todos y nadie puede mirar para otro lado. El futuro está en juego.

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