Artículos de broma

Sonrisa y velocidad

10.02.2016 | 05:00

Contra el tópico, España es un país apresurado porque la prisa facilita la corrupción y la chapuza, que son endémicos. Cuando era tendencia lo quinqui, Carlos Saura coronó el género cinematográfico que reflejó el fenómeno con el mejor título, Deprisa, deprisa. Acelerante del síndrome de abstinencia aparte, no hay delincuencia común que no se ejecute sobre las premisas de la sorpresa y de la velocidad, sea el tirón a la carrera, sea el atraco al banco, con el coche arrancado y a la puerta. La delincuencia de guante blanco trabaja con tiempos y la velocidad no es tan determinante para el éxito. Para engañar a los inversores de las preferentes y de Bankia basta ir unos meses más rápido que señoras mayores con problemas de movilidad como el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

En un país donde no triunfa la lentitud –ni el slow food, ni las slow cities de la slow life– es una garantía para el delito elegante que el presupuesto sólo dé para tener slow justice. Lo peor del descubrimiento de un nuevo filón de corrupción es que nos esperan meses de sonrisas inexplicables. Si todo sigue igual, Valencia parecerá la ciudad de la felicidad donde hasta los presuntos delincuentes con masa bajo las uñas y restos de pólvora hasta la muñeca, sonreirán a la entrada y a la salida del juzgado hasta que les ofendan las preguntas periodísticas.
Urge un cambio de moda entre los asesores de imagen y que los investigados (eximputados) acudan ante la Justicia con rostro grave y tenso como van las personas normales incluso cuando los citan como testigos porque -con la venia, señora juez- al juzgado se va más pasar malos tragos que a otra cosa. Salvo que se les escape la risa porque corromperse es buen negocio deben escuchar al pueblo y dejar de aplicar la doctrina Pantoja («Dientes, dientes, que es lo que les jode») porque dan ganas de partirles la boca.

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