Perdidos y encontrados

Ese nauseabundo mirar a otro lado

Ha habido, habrá, más niños ahogados, pero ya no eran Aylan, tan «bonito» recostado en el suelo frío y mojado de su muerte

11.02.2016 | 05:00

Son niños. ¡Niños!. Son ya unos 10.000 niños refugiados los que han desaparecido en Europa. 10.000 niños que pueden haber sido robados, violados, estar siendo prostituidos, esclavizados, en definitiva, por una nueva organización criminal reinventada al albur de la oportunidad del tráfico de refugiados en tránsito por Europa. Mientras más veces acudo a la información más se me encoge el estómago, hasta la náusea.
«El tiempo de un relámpago. Después de ello, el desfile vuelve a comenzar, nos acomodamos a hacer la adición de las horas y de los días. Lunes, martes, miércoles, abril, mayo, junio, 1924, 1925, 1926: esto es vivir€» Sartre describió el vacío de la existencia en La náusea, su primera novela, que se publicó completa aproximadamente cuando aquí estallaba el horror de nuestra nauseabunda Guerra Civil. Entre los personajes hay un «autodidacta» que tras su obsesión por leerse todos los libros de la biblioteca de Bouville, una ciudad inventada, esconde su pederastia. ¡Niños!€

Compartiendo humanismo con otro escritor existencialista, Albert Camus, Jean Paul Sartre sentía que la vida del hombre puede resultar vacía. Eso le producía la náusea que se impuso como título de su obra. Tampoco se andaba con chiquitas en sus convicciones. Cuando recibió el Nobel de Literatura en 1964 lo rechazó porque creía que entre el hombre y la Cultura no debían inmiscuirse las instituciones. Su pareja fue Simone de Beauvoir, existencialista como él, humanista como él y una de las más serias fundadoras del pensamiento feminista. ¡Niños! Ambos habrían puesto el grito en ese cielo en el que no creían. Como lo han hecho algunos en Trelleborg€

Los funcionarios de esa ciudad sueca han advertido que de los algo más de 1.000 niños refugiados que en octubre llegaron solos a esa ciudad no queda ni rastro. La propia Europol anda desesperada pidiendo auxilio frente a estos secuestros. Aunque uno tenía la sensación de que eran ellos quienes tenían que auxiliar a quienes, niños vulnerables y solos, han sido secuestrados. Pero la policía no puede con las mafias. No es difícil ponerse en la piel de Brian Donald, el jefe de personal de la Europol que ha hecho un llamamiento desesperante pidiendo coordinación y ayuda europea para evitar lo que está pasando. A buen seguro ha sentido la náusea, como Sartre€

Fue hasta casi bonita la imagen viral del pequeño Aylan, ahogado como dormido en la orilla de aquella playa turca. El cuerpecito de niño del pequeño tuvo que posar a su pesar, perfectamente colocado por el oleaje ante la cámara, para hacernos pensar en lo que de verdad pasa. Un rato. Ha habido, habrá, más niños ahogados, pero ya no eran Aylan, tan «bonito» recostado en el suelo frío y mojado de su muerte. La caída de las bolsas, la investidura, la Infanta e incluso algunos profesores que incurrieron en abusos de alumnos ocupan, para nuestro entretenimiento y nuestra preocupación inducida, conducida y dirigida, las portadas. 10.000 niños no. La náusea€

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