Punto final

Una academia de baloncesto

14.02.2016 | 05:00

Una vez que este verano sabía por una carta de despido que no continuaba en mi club de toda la vida, se puso en contacto conmigo Enrique Agüera, presidente del Club Baloncesto Marbella. Él tenía la intención de que le ayudara a hacer crecer su club empezando de cero, construyendo un club para formar a nuestros jugadores deportiva y personalmente. Desde el primer momento confió en mi opinión sobre cómo ir creando esa estructura de club, creando un proyecto a largo plazo basado en enseñar jugar a nuestros chicos a través de la técnica individual y el desarrollo de su talento.

Yo le propuse al presidente una idea en la que yo creía ciegamente. Esta idea la quería desarrollar con el equipo que yo entrenaría utilizando a mis chicos como «proyecto piloto» de lo que iba a ser una academia de baloncesto. Mi propuesta le encantó a Enrique y rápidamente nos pusimos manos a la obra para hacer realidad ese sueño que compartí con él y por el que ha trabajado sin descanso con un tremendo cariño haciendo el sueño suyo también.

Lo normal en Málaga en clubes como el nuestro es que los equipos entrenen tres días a la semana en sesiones de hora y media. Mi propuesta era que ese equipo infantil de primer año con el que iba a compartir toda la temporada trabajara cuatro sesiones de dos horas semanales. Esto es un paso muy ambicioso en cuanto a nivel de implicación de los niños y sus familias. Mucho más por su edad, puesto que este año empiezan a estudiar en secundaria. Muchos de ellos van por primera vez en sus vidas al instituto dejando atrás el colegio donde estudiaban primaria.

Pero no acaba aquí la idea. Nuestra preocupación por la formación integral de estos jugadores y sus estudios la demostramos con hechos, no solo de boquilla. Y lo digo porque estos chicos tienen una profesora particular. Ella es la piedra angular de este proyecto. Ángela Salguero, que así se llama nuestra «seño», trabaja una hora con los chicos ayudándoles a estudiar, a hacer sus deberes, a organizarse. Ella decide si algún chico no entrena porque necesita hacer trabajo extra con ella en su clase o si no estuvo concentrado y no aprovechó el tiempo en clase. Ella decide si algún chico se incorpora más tarde al entreno por no acabar sus tareas.

Con esta fórmula los chicos llegan a las 17.30 horas y se marchan a las 21.00 horas entrenados, duchados y con los deberes hechos, listos para cenar y acostarse, a no ser que tengan que repasar alguna asignatura para el colegio.

Lo que más miedo me daba de nuestro proyecto era la acogida de los padres. Tenía miedo de que no les gustase la idea y que se viniera abajo mi ilusión. Pero todo lo contrario. La idea tuvo una gran acogida y la estamos desarrollando desde octubre.

Los niños están superando el curso escolar con éxito a pesar de tantas horas de entreno. De su progresión técnica prefiero no hablar porque no sería objetivo. Además, tengo ese sentimiento que tiene un padre con su hijo, que como lo ve todos los días le cuesta darse cuenta de que ha crecido algún centímetro. Como yo entreno cada día con mis jugadores me cuesta valorar si están progresando técnicamente. Esto lo dejaré para preguntarles a ellos mismos cuando acabe la temporada. Si no saben explicarse cuando les pida que me digan qué les he enseñado este año, será señal de que no he sido capaz de hacerles progresar en baloncesto.

Mi compromiso con el presidente, este grupo de chicos y sus familias es entrenar a este equipo hasta que sean senior, haciéndolo con este formato de clases de apoyo y baloncesto. Es por ello que voy muy despacio en el baloncesto puesto que tengo tiempo suficiente para enseñarles a jugar y no quiero que pierdan ningún paso.

Nuestra intención es que otros equipos la próxima temporada se acojan a esta academia de baloncesto hasta conseguir que la gran mayoría de equipos (si no todos) trabajen cuatro días a la semana y tengan clases de apoyo antes del entrena
iento.

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