Al azar

PP y PSOE, incorregibles

14.02.2016 | 05:00

'Partido registrado' no significa lo que parece, sino todo lo contrario. Los jueces envían regularmente a las fuerzas policiales a registrar a formaciones políticas clave, como PP o Convergència. En lugar de colaborar con el Estado que todavía gobiernan, los populares blindan a figuras asediadas por la corrupción, como Rita Barberá. Entretanto, el PSOE persigue el pacto para una nueva era colocando a Trinidad Jiménez en Telefónica por la puerta grande giratoria. Se trata de disipar los temores de un cambio de códigos que intranquilice a los mercados, y que conceda a los votantes la ilusión de que deciden sobre el poder. En el juego de las parejas, Andrea Fabra alias «que se jodan» también se incorpora al gigante de la comunicación, aquí cabe recomendar que no le adjudiquen un puesto de atención al cliente. Mientras tanto, el fichaje de Elena Salgado por Abengoa demuestra que la puerta giratoria de esta exministra alcanza la velocidad punta de una ruleta. Y siempre apuesta al número ganador.

El amontonamiento de síntomas demuestra que, de Trinidad Jiménez a Rita Barberá, populares y socialistas se mantienen en las coordenadas tribales que han llevado la situación política al borde del colapso. La lógica apuntaría a un comportamiento especialmente escrupuloso de PP y PSOE, para apuntalar las ruinas de su imperio. Al contrario, se observa una furia desatada por succionar las últimas rentas del ensamblaje entre Gobierno y empresas adyacentes, que caracteriza al capitalismo de compinches. La avidez justifica a posteriori las razones que han provocado la diáspora de votantes a Ciudadanos o Podemos. Su suma supera en apoyos a los antes imbatibles populares o socialistas, tomados por separado.

La pasividad de Rajoy, frente a la corrupción que devora al PP, causa estupefacción en el partido. La reacción de asombro demuestra que lo ignoran todo sobre su líder en caída libre, a quien Mario Draghi le ha hecho los deberes económicos hasta el extremo de forzarle a destituir a Rodrigo Rato. El presidente del Gobierno sin funciones reacciona ante Barberá o Esperanza Aguirre como antaño hizo con Bárcenas. No puede descartarse que sea por los mismos motivos. Falta dilucidar en cuántas contabilidades en negro aparece Rajoy, y cuántos mensajes comprometedores ha remitido a sus lugartenientes en apuros. Ahora mismo, así en Mallorca como en Valencia o en la Audiencia Nacional madrileña, se investigan las aportaciones de fondos corruptos regionales a Génova. Sostener que un partido al completo está investigado, pero no su presidente, va más allá de los contrasentidos en que se ha especializado el inquilino amenazado de desahucio en La Moncloa.
Populares y socialistas se han especializado en desoír a los diez millones de desertores que han sufrido sus filas. El PP es tan incorregible que todavía no ha desbancado al Rajoy que se jacta de que «hemos permitido a los tribunales actuar contra la corrupción», un manifiesto más peligroso que su mensaje de apoyo a Bárcenas o que una gira de los titiriteros de Manuela Carmena. En la otra orilla, el PSOE es tan incorregible que atiende a Felipe González antes que a los militantes decaídos. Por fortuna para Pedro Sánchez, ahora cuenta con el apoyo de su predecesor, que ha efectuado un viraje espectacular porque se habrá decidido a examinar los resultados electorales.

Lo importante no es gobernar, sino sobrevivir. Barberá es un espejo para Rajoy. El presidente saliente se ha dado cuenta de que nadie frenará una futura investigación de sus vínculos con las tramas del PP. Ha perdido la simpatía de la población, los periodistas de pesebre le abandonarán en cuanto dejen de cobrar sus servicios. La aquiescencia de Sánchez, al apadrinar el fichaje de Trinidad Jiménez por Telefónica, marcha en la misma dirección. Estas maniobras proliferaban tras años de erosión ética en el poder. Ahora se aceleran antes de tomar La Moncloa, en la seguridad de que un hipotético pacto con Podemos bloqueará las puertas giratorias. Sin embargo, lo relevante no es la estrategia, sino la convicción de que tampoco el líder socialista encabezará la regeneración.

Los sectores económicos en crisis se caracterizan por oleadas de trabajadores despedidos y en precario. Sin embargo, Trinidad Jiménez es otro ejemplo de que ningún alto cargo queda desasistido cuando se le declara inútil para su tarea. Andrés Herzog ha sido noticia de portada por engrosar las listas del paro tras acabar su mandato político en UPyD. Asombra la excepción, el único congresista desempleado purga adicionalmente su querella contra un Rodrigo Rato que no correrá idéntica suerte. Ahí están PP y PSOE para impedirlo.

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