Tribuna

Pablo Iglesias, el 'camaleón pantera'

15.02.2016 | 01:59

Se trata de una de las especies más robustas, bellas y activas de camaleones, capaz de llevar a cabo una transformación en tan sólo uno o dos minutos para cortejar a una hembra o enfrentarse a un macho de la competencia con unos colores llamativos. Animal jerárquico que vive en colonias, el macho dominante tiene un territorio que defiende de otros machos, especialmente si hay hembras receptivas en las inmediaciones. Dócil con el ser humano, son frecuentes los combates entre machos en que exhiben sus mejores galas, luciendo colores de excitación e inflando su cuerpo lateralmente para aparentar mayor tamaño».

Esto lo habría logrado Pablo Iglesias, el secretario general del partido heredero de la indignación, en la entrega de los Goya, en la que se presentó en traje de etiqueta, a base de esmoquin, pajarita, camisa blanca y zapatos negros. Todo alquilado, sin desentonar con la gente que viste ese uniforme con asiduidad. Y como siempre hay gente para todo, alguno dijo que «parecía un camarero de bingo» quizás ignorando que «el esmoquin es la prenda formal más usada, tanto para ir a un concierto de gala como para asistir a un baile». Los ingleses se ponían el smoking jacket para fumar.

En la gala anual del cine español –en la que es obligatorio lucir esmoquin– Pedro Sánchez se presentó sin corbata porque, en su duelo con Iglesias, pudo pensar que el líder de Podemos vestiría una samarreta, como la de la canción de Ovidi Montllor: «Jo sóc fill de família molt humil/tan humil que d'una cortina vella/una samarreta en feren. Vermella». Tal vez el secretario general socialista no quería asomar casta a su lado. Pero Iglesias, en un alarde efectista de camaleón pantera, volvió a hacer de las suyas y lo dejó a los pies de los caballos acudiendo, frente a lo que cabía esperar, con esmoquin, saludando a izquierda y derecha y riendo divertido.

Hasta ahora, no habíamos visto al líder morado con terno y corbata. Su esmoquin en los Goya sorprendió por la mutación que suponía con respecto al atuendo que ha venido luciendo desde que hace unas pocas semanas el jefe del Estado comenzó las consultas dirigidas a la formación de un nuevo Gobierno. El profesor de la Complutense ha acudido –hasta ahora– en dos ocasiones al Palacio de la Zarzuela, ambas sin traje ni corbata, con vaquero oscuro, pulsera de hilo en la muñeca y alternando la camisa blanca con la negra («Tengo la camisa negra / porque negra tengo el alma»: Juanes) siempre remangada, para recalcar la informalidad.

Así que, presumiblemente con toda la intención, se ha inaugurado un protocolo que –si nadie lo remedia– se hará tópico. Un postureo medido, que nutre a los propios, provoca a los contrarios, consolida su triunfo personal y convence a un electorado que solo percibe sensaciones.

«A diferencia de las hembras que tienen colores bastante apagados, los machos tienen colores espectaculares que varían dependiendo de su estado de ánimo o de los estímulos que reciban en cada momento. Los hay completamente azules, otros rojos o rosados, pasando por verdes, naranjas, amarillos? Cuando duerme adquiere un tono más pálido, que llega, incluso, al blanco».

Los tocados de Pablo Iglesias –como cada uno de sus gestos– están medidos, desde aquella noche en que se alzó sorpresivamente con cinco escaños en el Parlamento Europeo. El asombro fue mayúsculo para quienes nunca antes habían oído hablar de él y no le habían visto zascandilear por los platos de la Sexta.

Cuando se plantea cómo acudir a las citas con el primer ministro en Moncloa o con el jefe del Estado en Zarzuela, no escatima gestos, pone el énfasis en mostrarse imprevisible -lo que lo diferencia de los otros– y se desenvuelve con garbo en medio del amontonamiento de periodistas, focos, cámaras, Internet y redes sociales, que hace ademán de controlar. Con independencia de las reacciones viscerales que suscita en la bancada de enfrente, maneja con maestría esas pequeñas cosas 'sin importancia' para quienes siguen, a estas alturas, sin percatarse de las novísimas reglas del juego.

La teatralidad de gestos y maneras que exhibe Iglesias en su desempeño público, pone en evidencia su gusto por 'cambiar el juego', por mostrarse imprevisible, consciente de que eso lo desmarca del resto, como en la gala de los cómicos, donde volvió a colocar en offside al candidato Sánchez que erró al ir vestido con traje y sin corbata.

Aunque su esperanza máxima de vida es de 4 años –lo que viene a durar una legislatura-, el Camaleón Pantera sobresale por su gran adaptabilidad y sus costumbres diurnas. Es ávido depredador de todo tipo de animales que quepan en su boca, incluso de sus propias crías. Sus ojos son independientes, es decir pueden mirar para dos lados diferentes a la vez, lo que facilita la huida de los depredadores cuando cazan pues deben estar quietos cuando lo hacen.

Y otra vez, la paradoja. En el auditorio del Marriott, los premiados con el cabezón recogían los premios vestidos de Podemos –uniforme dominante negro– en tanto que Iglesias y Rivera lo hacían con atavío más propio del PP.

Los críticos con el primero - que le tildan de oportunista- y no pueden olvidar su desdén hacia el rey –que por otra parte no se inmuta con estas cosas– reclaman que se arbitre un protocolo de respeto para contener la previsible escalada, que puede alcanzar cotas everésticas. Ya hemos pasado del Señor al tú, sin solución de continuidad.

«El Camaleón Pantera cambia su tonalidad o intensidad con el cambio de ánimo o físico. La principal diferencia entre macho y hembra es su tamaño y coloración, la hembra es más chica que el macho y su color es rosado o salmón, colores más apagados que los de él, que posee colores mas vivos y más variados. Las hembras, al alcanzar su madurez sexual vuelven más oscuras y sus colores se hacen también más intensos cuando están receptivas para el apareamiento. Tras el apareamiento, se ponen incluso negras, con tonos de colores muy fuertes para advertir a cualquier otro macho de que no quiere relaciones y está en gestación».

Bien sabía él, astuto, que su tenue sería portada en los medios y visionada con reiteración en las televisiones. Por eso, en la fiesta del cine español, no hizo más que sonreír, como queriendo decir «a que no os lo esperabais, ¿eh?». Pero también esto le granjea críticas de quienes piensan que una de las cosas que reírse de la gente es una de las cosas que más le divierte. Yo no lo creo, pero de lo que no cabe duda es de que se divierte con sus ingeniosidades. Embutido en el esmoquin, Pablo Iglesias demuestra capacidad y dominio para ocupar el territorio mediático, con efectistas producciones como la del último desembarco en el Congreso.

«El Camaleón Pantera, cuando duerme, suele ponerse algo pálido, llegando incluso al blanco».
Sus votantes han tenido ocasión de ver al líder vestido como James Bond en Casino Royale, Arnold Schwarzenegger en Mentiras arriesgadas o Tom Hanks en Big. A ver si se atreve a ponerse, como éste ultimo, el esmoquin blanco. No lo descarte, amable lector.

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