Tierra de nadie

Puro pánico

16.02.2016 | 05:00

El miedo, ya se ha dicho, entra en los cuerpos por el estómago. ¿Tienen los países, las naciones, los Estados, las patrias, como se diga, que ahora no caigo, tienen estómago los pueblos? Quizá sí: las Bolsas. El miedo entra en los países por las Bolsas, que comen de todo hasta que se indigestan. Por ahí entra el miedo en China y por ahí se refleja en Europa. ¿Alguien ignora esa sensación de dolor moral que se instala en los intestinos frente a una amenaza de naturaleza difusa? Una amenaza de recesión económica global, por poner un ejemplo. Desde el estómago, el miedo sube al rostro, que palidece como si se le hubiera retirado la sangre. Quizá se le ha retirado.

Comí en un restaurante donde el matrimonio, muy mayor, de la mesa de al lado, se preguntaba si hacían bien en gastar el dinero comiendo fuera de casa.

–No sabemos lo que vamos a necesitar –le escuché decir a ella.

Aludían a la amenaza de que se agoten los fondos de la Seguridad Social y dejen de cobrarse las pensiones. Lo hemos visto en varios periódicos. De seguir las cosas así, en cuatro o cinco años, quizá antes, carecemos de fondos para devolver a los jubilados lo que han aportado mientras trabajaban. Eso da miedo por sí solo, pero resulta más eficaz cuando uno se despierta día sí y día también con el «sálvese quien pueda» que escuchamos cada mañana. Antes, veíamos los desastres naturales que sucedían en Oriente y decíamos desde el sofá: El cambio climático. El cambio climático era una cosa que sucedía siempre en países pobres. Quizá su pobreza venía en parte de ahí.

Pero el cambio climático ha llegado aquí, para quedarse, en apariencia al menos. Nos referimos mayormente al cambio climático económico. ¿Recuerdan cuando un mileurista era un paria? Ahora es un privilegiado. ¿Qué ha ocurrido para que las cosas hayan cambiado de ese modo? Un cambio climático al que no encuentra salida ningún analista financiero. Le da a uno la impresión de vivir en un país con miedo. Las convulsiones de la Bolsa son lo más parecido a las convulsiones que provocan los vómitos. Cuando se vomita por puro pánico.

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