En solo 725 palabras...

Con especial esmero

17.02.2016 | 05:00

Acometer la albura del folio no es fácil, casi nunca. Hoy menos. De hecho, empiezo a escribir asustado. Engastar letras en las palabras y palabras en las ideas no basta para expresar lo sutil. Y adoquinarlas mucho menos, aun cuando algunos ingenieros-de-calzadas-metidos-a-escribanos no cejen en el intento. Adoquinar, sirve bien a los pies, pero no presta servicio al pensamiento sutil ni a las palabras. Tan es así que ni Mercurio, el dios mensajero, que era alípede, se atrevió a intentarlo nunca.

Con lo antedicho quiero expresar que las setecientas veinticinco palabras de hoy no serán fáciles, porque mis mundos de las ideas, del conocimiento y de los sentires son prisioneros del miedo a la pérdida. La séptima letra del alfabeto griego –eta– está amenazada, de muerte o de prisión incondicional sin fianza, según role el viento... La octava del alfabeto griego y última de nuestro alfabeto –zeta– también están amenazadas, estas por alusión y/o apología. Eta y zeta están proscritas, y de gráciles bailarinas han pasado a ser adoquines de lastre para los pensamientos castos y puros, dicen. Eta y zeta ahora son enemigas de lo legal, de lo cívico, de lo social, de lo culto y de lo patriótico. Y ya no son pronunciables sin consecuencias parejas a las que dictaba Dracón de Tesalia, el legislador ateniense que inauguró la era draconiana.

Me pregunto cuántas almas podrían ser presas del estado de sitio impuesto a las ideas, so presunción torpe de alusiones y apologías pecaminosas. Y cuántos corazones podrían verse empujados al desapego y al desinterés por la vida y por las cosas, y a la renuncia a toda capacidad emocional. Y cuántos, con ambas manos en el remo, no acabaremos amarrados al duro banco de la galera agorafóbica de las palabras.

Aunque todo el párrafo anterior fuera una hipérbole, confieso que solo pensar en escribir, asumiendo que escribir, hoy, comporta mucho más riesgo que prevaricar y que torear con tu hijo en brazos, me desasosiega. Imaginar que el sistema se atreviera a robarnos la eta y la zeta, imponiéndonos el seseo como ejercicio de obligado cumplimiento, me entristece. Intuir que, en nombre de sabe Dios qué dios, alguien pretendiera erradicar la eta y la zeta per saecula saeculorum, me indigna, aunque, la verdad, en purismo, lo de la eta griega no es tan grave para nosotros. Lo grave para nosotros es el prejuicio por presunción de intenciones alusivas y apologéticas. ¡Ahí nos han dado...!

Por alusiones, hasta pudiera ser que el futuro nos privara de palabras blancas, como teta y nieta. Y que los poetas debieran cambiar de oficio. Y que los individuos de la misma edad dejáramos de ser etarios, para no levantar sospecha. Y que la etamina dejara de vestir a las damas con sus transparencias, no fuera que... Y que los proxenetas se tornaran proxens, o algo así, para evitar alusiones ambiguas. Y que Apolo y Hércules dejaran de ser musagetas y no guiarán más a las musas. Y que no hubiera habitante en la ecúmene hispánica al que la ley y el orden le permitieran tener las carnes prietas. Y que los jetas fueran solo caraduras y las jetas solo caras y las braguetas, portañicas malagueñas. Y que dieta fuera un mero régimen y majareta un humano chiflado y agujetas un dolorcillo que da risa. Y que mis queridas Greta, Enriqueta y Julieta tuvieran que mudar sus nombres a otros menos obscenos, porque los actuales, presuntamente, pecan de alusión y de apología.

Hoy, más que nunca, el esmero es aconsejable, porque hay demasiadas seseras, tan brillantes como inútiles, que confunden lo que es con lo que les gustaría que fuera. Seres que, especialmente en política, afirman que la nave avanza porque el viento sopla en función de cómo ellos izan las velas, y no porque ellos izan las velas en función de la dirección del viento.

Creo que fue Aristóteles quien parió la idea de que lo importante no es la inteligencia curricular, sino la habilidad de llevar el conocimiento adquirido a la práctica, en función de la realidad. Por ello, actuemos con especial esmero, que estamos rodeados de individuos aspirantes a dioses a los que les quedan huecos de inteligencia por llenar. Y hay que llenárselos, para que comprendan que encarcelar al presidente de Alka-Seltzer por presunto pecado alusivo y apologético sería una chuminada...
Sí, sí, una chuminada.

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