Tribuna

La arrogancia nos lleva a las urnas

Los estrategas de Podemos saben que es la hora de la verdad y va contra ellos el seguir mareando la perdiz

19.02.2016 | 05:00

Podemos no tiene margen para cambiar salvo que se le abran enormes vías de agua en la nave que quiere pilotar como comandante en jefe, Pablo Iglesias. El líder único de Podemos es un consumido navegante en aguas procelosas, con unas puestas en escena que no mejora ni Steven Spielberg. Pero Iglesias, y lo sabe, está condenado a facilitar la investidura o entrar en un Gobierno progresista, reformista y de izquierdas. Lo contrario no sería entendido por los ciudadanos como tampoco por gran parte de sus votantes, los que provienen de la bolsa socialista y que, en caso de nuevas elecciones, seguro que volverían a su anterior redil, al PSOE. Pedro Sánchez lo sabe y hay encuestas que así lo indican. Sin las mareas y adláteres, Podemos, que ahora tiene 42 diputados, podría ser superado por Ciudadanos en las probables elecciones del 26 de junio.

Los estrategas de Podemos saben que es la hora de la verdad y va contra ellos el seguir mareando la perdiz. Tiene, además, la espada de Damocles de los partidos adláteres, con uno ya desgajado, Compromis, y que puede ser el inicio de la soledad partidista del partido morado, con Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, montando su propio y personal chiringuito político, con los vascos de Podemos buscando vías propias sin el duro corsé a que le tiene sometido el mando leninista de Pablo Iglesias y su guardia pretoriana, dice Antonio Elorza. O los gallegos que tienen el rabo levantado y no quieren ser menos que sus homólogos catalanes. El problema de Podemos y de Iglesias es que se ven atrapados por su corta historia. Hay un sector del partido morado que estaría por facilitar la investidura de Pedro Sánchez, mientras que los fundamentalistas están por la labor de arrojar al fuego eterno a Sánchez y a los socialistas y si no lo creen observen el acoso de los periféricos de Podemos.

Iglesias para no verse sometido, aún más, a la presión de los círculos, y de ellos los que más, los de Andalucía, ha tenido que mantener no ya las líneas rojas que impiden llegar a acuerdo con los socialistas de Pedro Sánchez, sino que ellos mismos se mueven en las trampas que se crearon: referéndum catalán, postureo ministeril con Iglesias como Supremo Hacedor de un futuro gobierno, si lo hubiere y un gasto público irreal, como si no les hubiera servido de nada lo sucedido a su partener griego, Alexis Tsipras, líder de Syriza. O sea, elecciones. A ver cómo explica Iglesias a sus votantes y a los que no la causa real y clara de que España no tenga un gobierno de izquierdas porque el verdadero culpable de ello será quien pretende estar en la boda, como cura, contrayentes e invitados; todo a la vez. Iglesias va tan de sobrado por la vida que puede encontrar la horma de su zapato. Lo tengo escrito: la soberbia, la prepotencia y la arrogancia de Iglesias terminarán por pasarle factura.

Y cuando nos acercamos a la fecha histórica del 28 F cuando Andalucía alcanzó una victoria histórica y moral en las urnas para conseguir una autonomía plena, en igualdad a las llamadas históricas, bueno sería tener en cuenta cómo Podemos, en sus noventa y pico folios de propuestas para gobernar, sigue en la arcaica propuesta, que ya hiciera la derecha, de una asimetría autonómica. Para «casta», la de Podemos que nos hace retroceder en la historia nada menos que 36 años cuando el pueblo andaluz fue capaz de ganarse el derecho a decidir, a ser iguales y poder mirar de frente, a los ojos, al resto de España. Que no vengan ahora con monsergas quienes son tan irresponsables de dudar de la Transición. Una broma o una inconsistencia de tan mal gusto que es para preocuparse.

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