La señal

Siempre pegan los mismos

21.02.2016 | 01:39

Borja Fanjul, concejal pepero del Ayuntamiento de Madrid, acusó hace unos días al equipo de gobierno de Manuela Carmena de «dar amparo a terroristas» en la comisión de Urbanismo, en alusión a un asesor del distrito de Latina, condenado por un delito de depósito de armas. Ya algunos hasta están armados en la caverna. Otro caso, este de presunta podredumbre: Pedro Santisteve, alcalde podemita de Zaragoza, carga gastos personales al Ayuntamiento, como la gomina para su pelo y un viaje a La Coruña. ¿Usted cree que le pasará algo? No sea ingenuo, por favor se lo pido. Como Ana Fernández de Cosa, concejal de IU, que se atrevió a llamar «fascista, misógino y asesino» a José María Pemán, su caso acaba de ser sobreseído porque ¡el ofendido está muerto! y no queda acreditado que sus hijos y bla bla bla. Pero quien merece más elogio es Rita Maestre, la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, la asaltacapillas, que se lamenta la pobre de que «es la primera vez en mi vida que experimento tensión», ¿y no experimentaba tensión en la pequeña iglesia de Somosaguas en su asalto con la cara desencajada y sus gritos de odio?, se le escuchaba «contra el Vaticano poder clitoriano», o «sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios», o «arderéis como en el treinta y seis»€ no, ella considera que, frente a los que allí oraban sin meterse con nadie, aquello no era ofensivo, no. ¿Quedará impune también? Pues, claro, amable lector. Advierta quiénes son los que siempre pegan y quiénes los que reciben. En esta segunda transición que vive España, los nuevos bárbaros ganan la guerra que perdieron sus abuelos. Aquí, Málaga Ahora, marca fiduciaria de Podemos, asiste a las ruedas de prensa del equipo de gobierno por si pescan algo, y a ellos ¿quién le pesca? Este es un combate desigual porque no se quiere ganar.

Pero lo de Ramón Mesas se veía venir, el empresario de La Pesquera tenía que terminar mal, aunque esto acaba de empezar; el entramado de doscientas cuentas que la Agencia Tributaria investiga por sus lazos con sociedades en Gibraltar, huele mal. La ex, Adela Núñez Pacheco, destapó el asunto, él se había casado hace poco con Helena Ducu. El restaurador mimado del régimen gilista. Todo llega, Ramón, la confianza pierde al hombre y a ti más. Pero junto a ésta y otras es una buen noticia que mi primer redactor jefe, Juan de Dios Mellado, reciba la Medalla de Andalucía, él, que editó la Enciclopedia de Andalucía, un trabajo de cíclopes. Otro colega, documentalista de la Universidad Rey Juan Carlos, Alfonso Palazón, viene a verme. Nos citamos en Vialia, como dos espías en la Grand Central, entre la calle 42 y la Avenida Park en Midtown Manhattan. Da clases de realización y trabaja ahora en un documental sobre José Luis Espinosa, infiltrado en la transición en MPAIAC, GRAPO€ Es difícil evaluar los servicios prestados porque todo el que repta por las alcantarillas queda manchado y por una parte se exculpan y por otra fabulan. Palazón quiere que colaboremos en este rescate de nuestra historia reciente. El pasado no nos deja nunca. Como esos grandes ojos de mujer que pinta Jorge Bengio en esta latitud (36º, 18´y 7´´N). Los ojos de la española fue la canción de la AOME, aquellos que veían tan de cerca.

Pero no solo de información vive el hombre sino de unas bravas riquísimas en Óleo, por eso allí almorzamos Lola Villalba (CCOO); David Cansino, abogado laboral, y mi amigo José María Bustamante, de Setyma, ingeniero y vuelto a la actividad empresarial tras pedírselo los trabajadores al poco de jubilarse, unas horas en compañía muy agradable. Eso el martes y el miércoles otro con Paco García y Reme en Candamil, y me encuentro a los postres en sosegado condumio a Vicente Granados –hasta la marcha de Rafael Rodríguez le acompañó como secretario general de la Consejería de Turismo– que está organizando un Congreso de trasplantados, él lo es de riñón. Reposo tras la siesta en Pío Baroja, que escribía:

Viviendo en tiempo brutal,
sin gracia y sin esplendor,
no supe darles mejor
contextura espiritual.
Es un pobre Carnaval
de traza un tanto harapienta,
que se alegra y se impacienta
con murmurar y gruñir,
con el llorar y reír
de su musa turbulenta.
Y como no hay más recurso
que escuchar a esta barroca
furia, que siga su curso
y que lance su discurso
la amargura de su boca.

cima@cimamalaga.com

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