Mal de Ojos

Sácalo, grita, grita

28.02.2016 | 02:22

Veamos. Pilar Cebrián, experta emocional, «coaching» la llaman en Cuatro, esa palabreja de hablantes de español acomplejados, la arregla parejas de Mejor llama a Pilar, terminó su curro por los suelos. Poco más de medio millón de espectadores se tragaban el idiota programa que pretendía unir con el pegamento de la experta la quebrada relación de los enamorados cuando la casa era un torrente de goteras. Otro fracaso de Cuatro, que no acierta ni con la franja previa a la hora de máxima audiencia –de 9,30 a 10,30 de la noche– ni con la hora de máxima audiencia, salvo algunos chispazos proporcionados por príncipes y princesas, versión paya y versión gitana, qué dolor. Mejor llama a Pilar ha cerrado el quiosco después de emitir seis programas, cambiarlo de hora por ver si pitaba, y nada, tonterías, las justas. Seguimos en racha. Me detengo en la mentada hora. Ahí la cadena colocó un producto de esos que sonrojan a cualquiera, a cualquiera que se sienta agredido en su sensibilidad cuando ve una cosa estrambótica como Gym Toni, cumbre del mal gusto, del machismo ceporro, perdonen la redundancia, de las interpretaciones de un cuadro de actores endemoniados, cortados por la misma tijera, la de la soplapollez sin límites que no lleva a parte alguna –Rajoy dixit–. Cuando Paolo Vasile se quede solo en su despacho, por las mañanas, y le lleven calentitas las audiencias del día anterior, y vea que El hormiguero está siempre siete mil leguas más allá de Gym Toni, y que por su santa decisión dejó escapar a Pablo Motos y su hormiguero, echará culebras por su hocico blasfemando en italiano, que por muy dulce que sea no deja de sonar a me cago en lo que se menea, quién me mandaría a mí. Ni la arregla estropicios Pilar Cebrián compondrá el corazón roto del capo.

Show político

Las situaciones vividas en el gimnasio son de traca. Pero sea lo que sea, las escenas, no una, todas, se montan sobre diálogos gritados, escupidos, textos para dejarse las cuerdas vocales hechas cisco, gestos de comicidad infantil, momentos de estupor televisivo. Yo que los actores de Gym Toni destrozaba esos vídeos, borraba ese pasado, aniquilaba esa etapa de mi vida. La basca de Gym Toni tiene que esconder esos vídeos de la vergüenza para no enseñárselos a sus hijos, para que los futuros directores de elenco –nadie sabe qué es, pero hasta la Vieja el Visillo sabe lo que es un director de casting– no se enteren de que pasaron por esa tira diaria donde se dejaban las cuerdas vocales machacadas. Qué manera de gritar. Todos. Es verdad que eso del griterío no es patrimonio de Gym Toni. ¿Se fijaron en las voces que da Manel Fuentes presentando Tu cara me suena? ¿Por qué se grita tanto, para qué se grita tanto? Sin salir de Cuatro, que sigue una alocada carrera de fracasos, como La 1 con sus tardes en descomposición, esta semana se ha remangado y ha decidido dar batalla a la competencia. Se ha llevado Gym Toni a las tardes, contra el saludable Zapeando de La Sexta. En su lugar, Toma partido. Es un Gym Toni político, otro plato de mal gusto. Lo presenta, por increíble que parezca, Miguel Ángel Oliver, presentador de Noticias Cuatro, al que uno tenía por hombre sensato. Frente a su atril lo vemos gesticular como un actor malo que confunde tensión con histrionismo. Decían en la cadena que era un programa de debate político innovador, y resulta que han vuelto a Moros y cristianos. Sobre tres preguntas chorras gira el debate, bueno, la trifulca, el circo, el show. Ejemplo ¿Será presidente Pedro Sánchez?, ¿Hay una cacería judicial contra el PP?, ¿Merece ser Rajoy persona non grata? Para defender el sí o el no hay dos bloques de opinantes. Unos defienden a muerte el sí. El otro, el no. Ya está. Ah, al público se le da un cacharro para que apriete un botón y se una a un bando o a otro. Todo muy maniqueo, muy infantil.

Camps, el resucitado

Ver por la noche a Miguel Ángel Rodríguez, otra vez, desbocado, histérico, farsante, gritando como un personaje de Gym Toni, como si fuera la mañana, es demasiado. Se nota que el director del programa les ha dado la orden de exagerar, de no merodearse en reflexiones aburridas y complejas, de ir al grano, de poner caritas de enfado, de mover la cabeza para tirar por tierra las razones de Ernesto Ekaizer, que trabaja en la trinchera opuesta, y así hasta el muermo. No sé si el programa aguantará hasta que esta columna se publique. Tengo mis dudas. El primer día hizo un vergonzoso 3,3% de audiencia, es decir, poco más de seiscientos mil espectadores vieron el ridículo rifirrafe, un esquema de programa más que superado, mil veces visto. Todo indica el nerviosismo de la casa, su incapacidad para competir con dignidad contra La Sexta y Antena 3. A la audiencia natural de Cuatro, esa que ha ido criando la cadena, le interesa la política, por mucho que la envuelvan con apariencias de divertimento a lo Sálvame, lo que a Rita Barberá el té con limón a las cinco de la tarde. Por cierto, el otro día, en el programa de Susana Griso, vimos que la ex alcaldesa –el juez ha iniciado el proceso para investigarla por blanqueo de dinero, no por la laca que se pueda llevar la señora del ultramarinos– salía de su casa. Un taxi la esperaba. Ya no es la reinona que se comía el mundo. Salió seria, con un buenos días murmurado camino de la peluquería. Es sagrada. Los martes, a la peluquería. Si te pilla una imputación, que te pille con el cardado arriba, que es lo que les jode. Ese problema no lo tiene el resucitado Francisco Camps –qué injusta es la fama, leche–, que luce una calva poderosa y altiva. La irrupción del Molt Honorable en hora de máxima audiencia me pilló desprevenido. Qué tipo. Es un león de la escena. Qué maneras, qué empuje, qué dominio, qué soltura con las manos enfatizando su enfado por quítame de ahí no sé qué organización criminal. ¿Qué toma este payo? La leche, Paco, lo que te faltaba. No me extraña que explotes. Sé como un personaje de Gym Toni, como un tertuliano de Toma partido, sácalo, sácalo, grita, grita.

La guinda

Las ratas
Ha empezado la desbandada. Por el capitán del barco. No les ha dado tiempo a huir ni a las ratas, que sabemos que huelen la tragedia. José Ramón Díez, director de TVE, se largó el jueves después de su concienzudo trabajo de hundimiento de la tele pública, que la ha llevado a cotas jamás vistas de desprestigio. Duele decir que es una tele residual, irrelevante. Tanto quiso servir al PP que don José, el dimitido, la dejó inservible.

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