El Palique

Bluf y plato de callos

Rivera citó mucho a Churchill y a Suárez: debería decidir a quién quiere parecerse, dado que uno comía nada y el otro engullía a tope

03.03.2016 | 01:27

Puso uno la radio a media tarde por hacer una cata a ciegas del debate de investidura y salió la voz sosegada de Ana Oramas. Oramas siempre está ahí cuando no se la necesita. Ni usted ni yo sabemos muy bien quién. Pero la citamos en las primeras líneas por rigor temporal a la hora de narrar lo que queremos narrar, aun a riesgo de que la inclusión de una casi desconocida, enmedio de tanto líder, nos haga perder lectores ya en el primer párrafo. Así es a veces el columnismo: por tratar de ser fidedigno te desangras de seguidores en la primera escaramuza. Oramas. Sí. Oramas. Pertenece a un partido canario y canarista y dijo en su intervención que el suyo es un nacionalismo progresista y solidario con el resto de pueblos. O sea, o nadie le ha dicho que el nacionalismo es lo contrario o no es nacionalista o le ocurre lo que a ratos a Rivera, Iglesias, Rajoy y Sánchez, no saben que están en un debate y creen que están parlando con el vecino de rellano. Ojalá Joan Tardá aprendiera algo de Oramas, cosa de la que dudamos, dado que a este hombre lo sacan del concepto república catalana y lo mismo le da una embolia. Hasta los rizos son monotemáticos. Uno imagina a Tardá en un bar cercano al Congreso pidiendo en catalán croquetas de senyera y callos con independencia mientras un camarero madrileño y chuleta le pone lechuga con tomate sólo por joder. Quien sí jodió bastante a los socialistas fue Pablo Iglesias que sacó lo de la cal viva. Iglesias es el primer hombre sin chaqueta que quiere ser vicepresidente del hombre al que insulta. Iglesias es el referente de Iglesias, en lo cual se diferencia mucho de Albert Rivera, que tiene dos: Suárez y Churchill. A estas alturas de la historia se le han atribuido tantas frases al estadista inglés que con que hubiera dicho la mitad de ellas ya no cabrían en cien libros. Cualquier día encendemos la tele y vemos a Rivera diciendo: como decía Churchill, «buenos días».

Rivera debería decir de una vez a cuál de los dos quiere parecerse. Téngase en cuenta que uno se alimentaba de café negro y tortilla francesa y el otro se cenaba filetes de un kilo en una jornada en la que podía haber bebido tres botellas de vino. Oramas sólo bebe tranquilidad y Rajoy desayuna chascarrillos y frases hechas. No pocos aprendieron ayer lo que son los Toros de Guisando, qué significa bluf y para qué se usa el bálsamo de Fierabrás. Algo es algo, porque dónde vamos no parece saberlo nadie.

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