Cartas al director

07.03.2016 | 05:00

El arte de la expoliación

Me gusta la pintura. Disfruto yendo a subastas de arte aunque queden por encima de mis posibilidades. Cuelgo el nuevo cuadro en mi oficina, cuando no cumple el estricto estándar de mi mujer para honrar las paredes de casa y disfruto de él, en solitario, sólo mis alumnos, algún eventual colega y la señora de la limpieza tienen acceso. Trato de imaginar el holocausto sufrido por los judíos perseguidos por los criminales dirigentes alemanes entre las décadas de los treinta y los cuarenta, asaltados en sus casas, vejados, secuestrados y enviados a guetos y a campos de concentración para, finalmente, después de días, semanas o meses de tortura, gaseados hasta la muerte. Imagino a sus descendientes tratando de preservar cualquier legado de ellos y sabiendo que cuadros expoliados a sus deudos cuelgan campantes en museos de renombre y en universidades alrededor del mundo, que actuaron, quiero pensar, de buena fe cuando compraron o les fue donado objetos de arte sin dudar su grisácea procedencia. Lo que no entiendo es que demostrado el expolio y la propiedad histórica de la pieza no la restituyan a su legítimo dueño y heredero de manera expedita. La Universidad de Oklahoma, después de una larguísima batalla legal, acaba de devolver una pintura de Pissarro con una condición final que se me antoja leonina: la heredera, una mujer de 76 años la donará, después de exponerse rotatoriamente en diversos países, a una institución de Francia, Esto sí se llama una victoria pírrica y un poco canallesca.
Luis Peraza Parga. Málaga

El suicidio del PSOE

Se puede discutir qué ha influido más: si las presiones exteriores, como la de Merkel, las empresas del Ibex 35, los barones propios, como Susana Díaz, que rechazó a la izquierda y debe su presidencia a Ciudadanos, o los errores de los partidos que conforman realmente la izquierda. El hecho es que el PSOE, debilitado por su peor resultado electoral y su líder más discutido, ha elegido de modo claro sumarse a la derecha, confirmando su cada vez más patente carácter de ser un segundo PP parcheado, renunciando a ser su posible alternativa, en el Gobierno o en la oposición. Consuma así su suicidio y, lo que es mucho peor, su renuncia a su tradicional papel moderador  para una mejor alternancia democrática en España.
Martín Sagrera. Málaga

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