Tierra de nadie

Una historia de complicidades

08.03.2016 | 05:00

Hace años, con la idea de escribir un reportaje sobre El Corte Inglés, contacté con uno de sus directivos, Juan Hermoso, que me invitó a desayunar en uno de los centros de la calle de Serrano de Madrid. Le expliqué que, según mi punto de vista, El Corte Inglés y la clase media española habían crecido al mismo tiempo, de modo que al mirarse se reconocían como en un espejo.

–Qué bien nos ha ido a los dos –se decían en ese cruce de miradas.

¿Cuándo percibí por vez primera esa complicidad entre la clase media de entonces (ahora de capa caída) y los famosos almacenes? Un día en el que cenando en casa de unos amigos, tras celebrar yo la calidad de las viandas, me respondieron, casi al unísono, con cierta afectación:

–¡Es que son del supermercado de El Corte Inglés!

También por aquella época, hacer un regalo envuelto en el papel de unos grandes almacenes significaba que el obsequiante no se había molestado mucho en buscar lo más apropiado para la persona homenajeada. Hubo un momento, sin embargo, en el que el papel de regalo de El Cortes Inglés se convirtió en una señal de prestigio. Algo está pasando aquí, me decía yo, atento a cualquier manifestación que mereciera una crónica. Estaba también lo de «si no le gusta le devolvemos su dinero» y la picaresca que trajo consigo: la de aquella gente, por ejemplo, que se compraba un vestido de fiesta el jueves y lo devolvía el lunes. Aquí hay materia, pensaba un servidor.

Cuando le expliqué todo esto a Juan Hermoso, estuvo de acuerdo conmigo, y me dio muy buenas palabras, pues es un hombre que derrocha simpatía. Pero no llegamos a más. Se lo perdoné al averiguar otra cosa insólita: que la función del gabinete de prensa de El Corte Inglés no era, como el de todas las grandes empresas, generar noticias sobre la marca, sino evitarlas. Fantástico, ¿no? Años después, y con motivo de su 75 aniversario, veo en la prensa una magnífica campaña de publicidad en la que late aquella idea: «Tu historia es nuestra historia». Me pregunto si El Corte Inglés sufre también las dificultades por las que atraviesa ahora la clase media con la que creció. En todo caso, felicidades. Y que volvamos a crecer.

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