360 grados

La 'merde' de Letizia

12.03.2016 | 02:28

Los amiguitos del alma como el poliimputado Javier López Madrid de Villar Mir perjudicarán con más intensidad a La Zarzuela que los cuñados. Dado el poder simbólico de la monarquía, se confiaba en que la incorporación de una periodista a la plantilla mejoraría la redacción de los textos regios. La declaración de amor –«nos queremos»– de la esposa de Felipe VI a un adicto de las black cards demuestra que Letizia Ortiz será mejor Reina que redactora, porque lo contrario es imposible. La prensa sensacionalista se ceba en el escándalo del respaldo de la Corona a un presunto corrupto –«¿comemos mañana?»–. Aquí nos molesta más que una acreditada presentadora de telediarios escriba «el artículo de lo de las tarjetas», aunque sea en mensaje privado. ¿«De lo de las»? Se confirma que las facultades de Ciencias de lo de la Información acabarán con el periodismo.

A cambio de las vacilaciones sintácticas, la reina Ortiz muestra una encomiable capacidad de concisión, en sintonía con la insistencia pedagógica en el mensaje de los mejores periodistas. Así, logra encajar la palabra «mierda» por dos veces en otras tantas líneas. Y en una exhibición de su cultura oceánica, la utiliza incluso en el oloroso francés de «merde». Adopta una corajuda reivindicación de una lengua muerta. Solo falta un «shit», en este Reino siempre deficiente en inglés.

El «merde» de Letizia adapta al siglo XXI el no menos célebre «Laissez-les manger le gâteau» de María Antonieta a la plebe. En el caso de la Reina de España, no se puede concluir si «lo demás, merde» se detiene en la «mierda» de prensa, o se extiende al conjunto de los contribuyentes. No procede hablar de exabrupto, porque la esposa del Jefe de Estado no replica a un agravio personal. Se abraza a la casta de los evidentemente opulentos y presuntamente corruptos, en el melodramático «sabemos quién eres, sabes quiénes somos». No nos constaba que linajes como Ortiz, a la altura del mío, dieran para tanto ringorrango siciliano. En fin, cuando hasta el Rey exclama el equivalente de «qué país» o «y tanto», suenan las alarmas. Un escueto mensaje desvela quién manda en lo de la pareja regia, aunque aquí no cabe sorpresa alguna.

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