Punto final

Do Svidania Sharapova

14.03.2016 | 05:00

Tuve la suerte de ver jugar en directo a Maria Sharapova en los cuartos de final del Abierto de Australia de 2012, que acabó perdiendo en la final contra la bielorrusa Victoria Azarenka. Y por encima de su indiscutible belleza o su magnífico tenis se me quedaron grabados esos gritos que la hicieron mundialmente famosa cada vez que golpeaba la bola, los mismos que han quedado silenciados de golpe y porrazo (quién sabe si para siempre) por culpa de una sustancia hasta hace dos días desconocida para la gran mayoría de los mortales: el meldonium.

Según el Código de la Agencia Mundial Antidopaje, el meldonium es un modulador hormonal y metabólico que hace que mejore la capacidad aeróbica y la resistencia, reduce la fatiga y activa el sistema nervioso central. Es decir, nos hallamos ante una sustancia que aporta una evidente ventaja competitiva al deportista, de ahí que con efectos del pasado 1 de enero de 2016 haya pasado a integrar la lista de sustancias y métodos prohibidos de la AMA.

La deportista mejor pagada de los últimos diez años se enfrenta ahora a un futuro incierto tras este positivo y, a la ya anunciada pérdida de importantes patrocinadores como Nike o Porsche, se expone a una sanción de inhabilitación de cuatro años que, a sus 28 primaveras, supondría el final definitivo a su brillante carrera.

Sin embargo el Código prevé la posibilidad de reducir sustancialmente dicha sanción si concurre alguno de estos tres atenuantes: (I) que el deportista demuestre su ausencia, total o parcial, de culpa o negligencia en la ingesta de la sustancia prohibida, (II) que la confesión de la infracción haya sido inmediata, y (III) que el deportista preste ayuda sustancial en la lucha contra el dopaje.

Siendo consciente de lo anterior, y seguramente trabajando desde ya para ver reducida su sanción, la tenista rusa reconoció públicamente haber cometido una infracción a las normas antidopaje, alegando que hacía más de diez años que tomaba el meldonium por prescripción médica y que cometió el error de no leer la lista de sustancias prohibidas para este año.

Contrariamente a lo que muchos puedan opinar, con la anterior declaración se ha hecho un flaco favor a sí misma, pues si bien es bastante probable que se le reduzca la sanción por las atenuantes de la confesión inmediata y la ayuda en la lucha contra el dopaje (siempre que ésta sea «sustancial»), a nuestro juicio no cabe aplicarle la primera y más importante de todas ellas.

Y ello porque el Código se basa en un sistema de responsabilidad objetiva, siendo su máxima que «es deber de cada atleta asegurar que ninguna sustancia prohibida, sus marcadores o metabolitos entre en su cuerpo», y que la mera presencia de éstos supone automáticamente la comisión de una infracción a las normas antidopaje, con independencia del grado de culpa o negligencia. Y con sus declaraciones Sharapova ha reconocido públicamente que ha ignorado una de sus principales responsabilidades como deportista al no haber leído la lista de sustancias prohibidas que, a más inri, le envió la Federación Internacional de Tenis.

No sólo eso, hablamos de un producto cuya venta sigue sin estar permitida en Europa y en EEUU (donde ella reside), por lo que de ser cierta su versión de los hechos, durante los últimos diez años ha tenido que comprar el medicamento por Internet o bien importarlo de forma irregular.

¿De verdad que durante todo este tiempo no pensó que un producto que no está a la venta más que por Internet o en los países del Este no podía ser sospechoso de dopaje? ¿De verdad no le pareció raro que su médico le recomendara tomarlo durante diez años cuando el prospecto recomienda un máximo de cuatro meses? Y por supuesto no puede servirle de excusa el que hasta ahora dicho producto no estuviera entre la lista de sustancias prohibidas, pues ya se sabe que los tramposos van siempre un paso por delante de la Ley.

Todos, absolutamente todos los deportistas de alto nivel son plenamente conscientes desde hace ya muchos años que deben extremar las precauciones al límite (a veces más allá de lo absurdo) frente a la ingesta de cualquier tipo de medicamento y que, en caso de duda, por mínima que sea, es preferible no tomar un medicamento antes de exponerse a una sanción por dopaje.

Y en el caso de Sharapova la presencia de culpa y negligencia (tanto suya como de su equipo de trabajo) y la ausencia de diligencia debida es tan manifiesta que hace muy difícil pensar en que pueda obtener una reducción sustancial de la sanción a la que se expone, por lo que mucho nos tememos que aquí se haya puesto punto final de la peor manera posible a una de las grandes del mundo de la raqueta. Do Svidania Maria.

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