Málaga de un vistazo

La emoción recuperada

19.03.2016 | 01:03

Hace casi un cuarto de siglo, la revista El Observador publicara un artículo titulado «El Parque del Oeste: en busca de la emoción perdida», firmado por Carlos Hernández Pezzi. En aquel momento, el diseño del arquitecto Eduardo Serrano estaba a punto de pasar de ser un ilusionante proyecto a una realidad, en esta ciudad cuyo único referente de importancia en lo tocante a espacios verdes era el Paseo del Parque. Precisamente en los distritos más densamente poblados surgía este otro parque, aunque algunos ciudadanos que seguían la evolución de las obras mostraban extrañeza ante el trazado de muros, bancales y esclusas que surgía ante sus ojos, antes de que los viveros suministraran el arbolado que debía animar el lugar. Sin embargo, estos elementos sugerirían topografías soñadas a interpretar en clave lúdica; y serían luego colonizados por la fauna onírica del escultor Stefan. En palabras de Pezzi, tales claves ayudarían a que «barrios enteros aprendan a percibir los espacios libres como algo propio, que a través de la especulación y la degradación de sus condiciones de vida y vivienda les han sido negadas por aquéllos que han desconocido lo que la arquitectura tiene de emocionante, haciéndose ricos a costa de vaciar la memoria de cualquier poesía».

Como un fragmento de naturaleza viva, el parque ha evolucionado en estos 24 años. Muchos rincones han experimentado alteraciones no siempre afortunadas, pero los escuálidos arbolitos del inicio han crecido hasta alcanzar portes respetables, y aves acuáticas, peces y galápagos proliferan hoy en el recinto. Aunque lo fundamental es que los habitantes de las barriadas vecinas se han apropiado con entusiasmo del parque y lo disfrutan intensamente: los vaticinios se han cumplido. Ahora son los terrenos de Repsol los que reclaman la búsqueda de la emoción perdida.

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