Porque hoy es sábado

Sábado Santo y del padre

19.03.2016 | 11:54

Hoy el día de San José coincide con la Semana Santa, y todavía es invierno. En el día del Padre hay miles de niños cansados, secuestrados, perdidos, enfermos, que necesitan uno. Para muchos que andan jugando con los pies en el barro Europa está siendo una mala madrastra. Pero los niños juegan siempre, hasta enfermos se olvidan momentáneamente de su mal si se les incita a jugar. Por eso incluso el barro, a pesar de su frío encharcamiento en mitad de la nada, es una oportunidad para el juego. Cuando se es niño la vida es jugar. Mi hijo me ha escrito en su clase de Infantil una carta por el día del padre. Me dice con su letra imposible cosas bonitas que quizá ha copiado de la pizarra, pero sé que para él su padre –y su madre– es el mejor. Creer eso a sus cinco años le da fuerza para crecer arropado y seguro.

@Fenicio_112. Un tuitero denominado Juan R. Fenicio (@Fenicio_112), enfermero de dispositivos de cuidados críticos en actuaciones urgentes, según reza en su perfil, se ha dedicado a colgar en la red imágenes con refugiados e inmigrantes en tránsito o tratando de salvar su vida en el mar, tituladas con el nombre de las advocaciones de Semana Santa. Algunas me han conmocionado. Detrás de momentos dramáticos y de rostros desesperados o resignados de padres que llevan a cuestas a sus hijos, de madres que arropan con mantas mojadas a sus bebés, de abuelas que aguantan, de bomberos o voluntarios de Cruz Roja y otros que rescatan y ayudan, están los sagrados mandatos, intencionadamente contextualizados, de Misericordia, Esperanza, Caridad.... O las dolorosos de Soledad, Azotes, Calvario... Agradezco desde esta humilde página su iniciativa y, si lo es también de hijos genéticos o adoptados (porque de los niños a los que ayuda como bombero y enfermero ya lo es un poco) le deseo también un Feliz Día del Padre. Gracias por su labor a quienes son como él.

El amor... Qué otro sentido puede tener la Semana Santa que el de recordar a quienes sufren, y más a quienes lo hacen a nuestras puertas, cerradas, huyendo del horror con sus familias. El Amor no es un bonito cristo de medidas renacentistas que sale en Málaga el Viernes Santo, si no lo que nos debe hacer sentir mirarlo clavado en la cruz cruel e injustamente con su madre llorando a sus pies. El Amor no es una hermosa Virgen barroca bajo palio azul bordado en oro que sale el Miércoles Santo en Málaga, si no lo que nos debe hacer sentir el puñal de dolor que tiene clavado cuando mira a su hijo–, un hombre de 33 años que camina ya casi sin aire llevando su propia cruz hacia el Gólgota –el llamado Jesús El Rico, que «liberará» a una presa por robo de 26 años esta Semana Santa, la primera mujer que la cofradía e Interior liberan en 30 años–. Algo de ese dolor deberíamos sentir por todos los refugiados, o al menos por los niños que ya han desaparecido, miles, insisto, porque podrían ser nuestros hijos también.

Muerte y resurección. La importancia económica de la Semana Santa en Andalucía, en capitales líderes del turismo como Málaga, es indiscutible. Su obra social. El valioso patrimonio cofrade en fastuosa y ordenada exhibición pública cada año no tiene parangón. El ambiente que crean el incienso y el aviso de un tambor lejano de que el trono se acerca es como un milagro urbano, en sentido literario y plástico. Y no puede ser otro que la necesidad de tomar decisiones, actuar y empezar de nuevo su mensaje de muerte y resurrección, heredado por el cristianismo de las más ancestrales creencias que veían ya en el día y la noche la muerte y resurrección de la Luz, tan pequeños aquellos primeros seres humanos ante la Naturaleza que les ayudaba y les ponía en peligro sin solución de continuidad, todavía sin eso llamado progreso para doblegarla.

De ellos el reino. Pero ni su importancia turística, plástica, antropológica, histórica, religiosa, nada de eso, tendría sentido, tanto para quienes profesan el catolicismo como para quienes dudan o no creen o tienen otra fe, si Dios no se saca a la calle en eso que llaman estación de penitencia de quienes portan su alegórica imagen para que les sirva de algo a los pobres, a los perseguidos, a los refugiados, a quienes padecen la enfermedad, o sea, a quienes el Nazareno prometió el cielo.

Torrija oficial. El Ayuntamiento ha puesto a disposición de los abuelos parte de las sillas de la tribuna de la Alameda, donde comienza el recorrido oficial. Bien está. Aunque el detalle habría sido ofrecérselas en la llamada Tribuna Oficial, ésa que se impone contra natura en el corazón histórico de Málaga. Así habrían ocupado más de lo que se ocupa, excepto en un par de momentos clave, esa gigantesca torrija de hierro que un año más secuestra la mejor plaza de la ciudad€ Porque hoy es sábado.

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