Mal de ojos

Anda, pilla y vete

20.03.2016 | 03:49

Lo han echado. Eso dicen los corrillos. Bertín Osborne no sigue en TVE porque no le bailan el aire que él quiere. Así que Paolo Vasile le ha abierto su casa de par en par. Telecinco es el hábitat natural de En la tuya o en la mía, que en la nueva casa, apuntan, se llamará Vienes tú o voy yo. Ni lo sueñes, campeón. Vete, vete tú, y sin mirar atrás, por si nos llenas de caspa y serrín. Sin embargo, lo contado en estas líneas tiene más mandanga. El culebrón venezolano de la salida del señorito jerezano no es tan fácil como lo cuento atrás. Ahora resulta que el detonante de la ruptura de la pareja Osborne-TVE es culpa de Pedro José Ramírez, aquel señor que lo mismo se ponía tacones que tirantes, o titulaba como Francisco Marhuenda antes de que conociéramos lo que este humorista sería capaz de hacer dirigiendo un periódico o como tertuliano. Verán. El mediocre cantante de rancheras, el ricitos, el guaperas amojamado que se tapa no tanto el paquete como la panza en las desternillantes escenas del sofá, invitó a la pija Ágata Ruiz de la Pava a su programa –no emitido ni ya emitible–, y como en un momento dado el consorte entra en escena –si es mujer, para poner orden en su reino natural, la cocina–, en un momento dado entra él, el marido de la cursi diseñadora «happy flower», aunque sin tacones ni látigo de cuero, aquel con el que se ponía cachondo dándole al PP de Rajoy. Y aquí está el meollo. Resulta que el director de TVE, José Ramón Díez, no advirtió de la presencia del periodista maldito para el PP al presidente de RTVE, José Antonio Sánchez. Anatema. Como castigo, el brazo ideológico del PP en la radio y televisión públicas, dejó la ampliación de En la tuya o en la mía por 18 entregas más en 5, cabreando al señorito jerezano y, apeado del burro, ninguneado, castigado como un celador a tiempo parcial, José Ramón Díez presentó su dimisión como director de TVE con la conocida y peregrina excusa de «motivos personales». Ni la esposa venezolana de Norberto Juan Ortiz Osborne, la doña Fabiola Martínez, hubiera escrito un culebrón más atinado.

Jonathan y Sabrina

Lo que dijo esta semana a Pablo Motos en El hormiguero el jerezano, que llama gilipollas a los que le decimos que hiede a machismo barato, no aclara nada, ni falta que hace. Me quedo con la versión cachonda que hace el portal El Mundo Today. Bertín, dice, deja TVE por haberse acostado ya con toda la plantilla. Pues hala, chato, ya estás tardando. Da igual una razón u otra siempre que te vayas. Digo como Sabrina López, la de Casados a primera vista –Antena 3–, anda, pilla y vete. Literal. Aquí hay otro culebrón. ¿Recuerdan el amor casi meloso entre Sabrina y el alicantino Jonathan López? Pues el río se ha tornado sucio, amargo y vodevilesco. Ahora resulta que hay denuncias de malos tratos y estafa. Palabras feas, conceptos mayores. La salmantina dice que el alicantino la maltrataba, y que todo está «en manos de personal competente» –¿en manos de personal competente?, ¿eso qué quiere decir, un juez, un cura, un matón a sueldo?–, y el alicantino, que ella es una estafadora «que quiere desplumarlo», según los amigos de él. Y hay quien dice, en este otro culebrón, que la doña Sabrina se ha quedado con la casa de él y que vive encamada con otro varón en el hogar marital. A mí, que me registren. No tengo ni idea. No puedo asegurar ni una cosa ni las otras –yo, como Rita Barberá. Yo pasaba por aquí, no sé ni lo que es un billete de 500, vengo del dentista y me ha puesto la cabeza del revés, sí, creo que hay un partido en Valencia que se llama PP, pero no me pregunten cosas raras porque yo sólo me ocupaba del caloret y de ir a la peluquería, y venga, che, que se me escapa el AVE–. Lo de Jonathan y Sabrina no sé siquiera si forma parte del circo. Sólo sé que el Amor, así, con mayúsculas, no se merece este bochorno. Llámenme cursi, pero jugar con ese fuego no es recomendable. La cadena quiere espectáculo. Y los «casados», también. Si no encuentran el amor en Casados a primera vista, nada, sin problema, se van de ruta por otras cadenas. Que para eso está Mujeres y hombres y otras yerbas. Un tal Tito Gaviño, gaditano, auténtico perfil de tronista –en realidad no sé lo que es eso– decidió abandonar al programa y a su esposa en pruebas y entablar conversaciones con Telecinco como otro macarra de gimnasio del rebaño de Emma García.

Los holandeses y la EU

No acaban las trifulcas en asuntos de amor. Un príncipe para tres princesas acabó en Cuatro no sólo con la audiencia por los suelos –anda, si me queréis, irse, parecían decir los espectadores– sino con más denuncias entre esa realeza de polígono. Un garrulo, un tal Juan Carlos, endemonió a una tal Yiya llamándola, atención, cerda, eructadora, y loca del coño. Me quedo con eructadora. Las princesas que pasaron a reinas, de la mesa del Telediario al trono, finísimas y pijas, sólo dicen «merde» y compi yogui. Otro nivel. Pues bien, Yiya ha enfurecido y dice que ha demandado a su pretendiente insultador. La señorita ha aprendido rápido. A lío de titulares, bolsa llena. El futuro se prepara hoy. De hecho, Yiya del Guillén es otro subproducto que suena para largarse a la isla y formar cuadra en Supervivientes. A estos desperdicios sociales se les ve venir, no hay trampa ni cartón. Pero lo que está haciendo la chusma política de la Unión Europea con los sirios que huyen de la guerra, el hambre y el terror, no tiene nombre. Es una vergüenza que algún día se volverá contra esta sociedad ciega. Esa UE que abochorna a tanta gente decente es el caldo de cultivo de grupos como los hinchas holandeses del PSV Eidhoven que tiran monedas a gitanas rumanas para que los entretengan mientras toman café en la Plaza Mayor de Madrid. Cuando la pobreza se convierte en espectáculo no vale decir, anda, pilla y vete. Salen culebrones por la boca, hijos de puta, no sois dignos de nada, nos os quiero cerca de mí ni de los míos. Fuera, fuera.

La guinda

El cuesco
Los enganchados a Gran Hermano VIP lo están en tan altas dosis de dependencia que hay más de 300.000 que miran cómo duermen esos haraganes en la madrugada. Sí, sólo eso, ver cómo duermen. Es lo que la factoría de embutidos llama La casa en directo. Seguro que un ronquido de Carlos Lozano o un cuesco de otra petarda es un regalo que se le escapó al cielo. Gloria bendita. 

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