Cartas al director

23.03.2016 | 02:53

La guerra no acabará con la Esperanza, por Helena Trujillo
Un hongo mortal inventado por la bestia devastaba hace 71 años la vida de miles de personas. Hiroshima y Nagasaki fueron el cruel laboratorio de la destrucción y sus habitantes, menospreciadas ratas a las que exterminar. La bomba atómica nacía y moría como la esperanza, en manos asesinas servía a crueles intenciones que siempre anidan en los poderosos: ser más fuertes que el enemigo, aniquilar sin piedad.
Entonces, más de 240.000 personas fallecieron exterminadas por la locura del hombre. Una guerra como otras que hoy existen, donde las personas sólo somos un número en el cuaderno del horror. Poco importaba la inocencia infantil, los trabajos matutinos, la esperanza del amor, el futuro de las naciones; en la guerra del hombre contra el hombre, todos somos enemigos, cada cual un dictador justificando sus propias acciones, cada cual más prepotente. Dueños de la más poderosa herramienta, el lenguaje, capaces de los progresos más inimaginables, el ser humano desarrolló su pensamiento, transformó la naturaleza para hacerla habitable, desarrolló ciudades e instituciones sociales, pero nunca pudo transformar aquello que en su mismo corazón latía, el odio, la venganza, el afán de destrucción. Ya lo confirmó Freud cuando en 1932 contestaba a Albert Einstein que todos los esfuerzos de la cultura en pro de la defensa de la paz hallan el obstáculo de la propia constitución humana. Sin embargo, sorprendía entonces y sigue haciéndolo el hecho de que avances científicos y estructuras sociales cada vez más complejas no consigan encauzar la hostilidad humana a través de formas más civilizadas de resolución de conflictos. Años después, con varias guerras abiertas como ríos de sangre, seguimos siendo testigos de ciudades destruidas, víctimas arrebatadas de futuro, potencias jugando a rituales sin destino. Ahora, los conflictos armados se televisan como campañas de marketing para vender periódicos, se reparten refugiados como cuotas de carne entre países y se desmiembran los derechos conquistados a través de siglos. Es evidente que, como la lluvia que deshace las capas cargadas de contaminación sobre nuestras cabezas, el tiempo, los anuncios, nuevos dramas humanos, nos hacen olvidar, cómplices, las sendas del sufrimiento que seguimos padeciendo en este planeta Tierra. Miles de años de civilización y primitivas costumbres donde aún las personas somos objetos sometidas a otros más poderosas, más crueles. Nos queda el compromiso y la esperanza de dos armas que sólo conocen la palabra: poesía y psicoanálisis, dos posibilidades de lo humano para construir un nuevo futuro para el hombre y la mujer. De nosotros depende.

¿Felicitaciones a obama?, por Alejandro A. Tagliavini
Si desandar un camino mal parido merece una felicitación, entonces debemos agradecer a Obama el iniciar el «desbloqueo» a Cuba que, en rigor, ha significado coartar la libertad de los propios estadounidenses para relacionarse con los cubanos. Quienes proponen «sanciones» no solo son auténticos enemigos de la libertad, sino que no han entendido que la coacción –la violencia– solo destruye como claramente lo ha dejado establecido la ciencia.

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