Punto final

Quien da primero da dos veces

23.03.2016 | 00:22

Ha sido el mejor durante la pretemporada, ha sido el mejor en los entrenamientos del primer Gran Premio, ha sido el mejor en la primera carrera, ¡fue el mejor el año pasado! ¡es tricampeón, caray! Y, encima, Yamaha no le quiere renovar. Aún.

Bueno, sí, de acuerdo, le ha presentado la mejor propuesta de su vida, pero Jorge Lorenzo, que el domingo realizó una nueva exhibición de lo que es capaz, de lo que es ser martillo cuando es preciso y, luego, manejar el cuchillo de la mantequilla (es decir, perdón, perdón, ¡vuelta rápida! a falta de dos giros, cuando las ruedas están más gastadas, ¡impresionante!), ha vuelto a demostrar que es el actual líder de un pelotón que, en Doha, en Catar, se mostró sumamente prudente (bueno, todos menos el impulsivo Andrea Iannone, que se volvió a caer), sabedores que hay demasiados candidatos al título como para empezar con un pinchazo, con un cero.

La victoria premia a un Lorenzo que no pierde los nervios ni siquiera cuando el mismísimo piloto italiano Valentino Rossi sigue colocándole contra las cuerdas, como cuando dijo el sábado que el mallorquín no se iría a la escudería Ducati «porque para irse a Ducati hace falta tener dos ´pelotas».

Era, sin duda, una manera de empujarle a que deje Yamaha y le deje la mejor moto sólo para él. Y él, el «Doctor», después de tanto piar, empieza el Mundial fuera del podio, lo que le ha disgustado mucho, pese a que se alegró de los pitos contra Marc Márquez (Honda), que oyó en la parrilla de Doha, el precio que hay que pagar cuando te enfrentas al «dios» de las dos ruedas, al icono de esta disciplina.

La carrera y el arranque del Mundial fue lo que quiso Jorge Lorenzo, que dominó a placer las veintidós vueltas de la prueba en Catar, estudiando el momento de apretar a las Ducati y de escaparse de Márquez y Rossi.

Nadie como el tricampeón español para marcar siempre el mismo ritmo y evitar que los rivales en la pista se le acerquen mucho.
Debía de adquirir medio segundo de ventaja para que el mayor poder de la Ducati de Dovizioso (13 kilómetros por hora más rápida que su Yamaha) le pudiese fulminar en un final de infarto, en una última vuelta sin respuesta, como le ocurrió al piloto Marc Márquez al perder la segunda plaza a manos de los caballos italianos.

Es verdad, esto del Mundial sólo acaba de empezar y los hay, como el bicampeón más joven de la historia de MotoGP, es decir, Marc Márquez, que consideran un auténtico triunfo el podio, el «bronce», logrado durante el domingo en un trazado que nunca le ha gustado mucho, que no le va bien a su moto, la Honda y que llegaba tras una auténtica viacrucis hasta poner en su sitio todas las piezas de una RC213V, construida por 110 ingenieros, que no le hicieron caso. Argentina y Austin será otra cosa, ya verán.

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