Cartas al director

24.03.2016 | 01:58

La UE, muy malherida, por Martín Sagrera Capdevila.
Los atentados de Bruselas apuntan al corazón de la UE. Coinciden con los días en que muchos cuestionan como nunca el que la UE tenga corazón, dado el trato ilegal e inhumano que da a quienes, con cruel ironía, llama –cuando hace todo lo que puede para que no lo sean– «refugiados». Estos son personas de carne y hueso; hombres, mujeres y niños que huyen para salvar sus vidas de largas y muy sangrientas guerras, ocasionadas en gran parte por los intereses estratégicos y las armas vendidas a sus asesinos por distintos países de la Unión. Países que, bajo la batuta alemana, han arruinado el Estado social de muchos de sus propios territorios, y han coartado sus libertades democráticas. ¿Tendrán de nuevo los jefes de la UE el valor de invitar al pueblo, como en París, a manifestarse sin miedo contra el terrorismo, mientras que ellos cometen la increíble bajeza de hacerse la foto en un lugar seguro e intentar hacer creer después que estaban con sus conciudadanos? Muy, muy malherida está la UE, máxime cuando esos políticos –y los poderes fácticos que los manejan– montan mil grandes embustes para desprestigiar e incluso eliminar los movimientos sociales que intentan en distintos países salvar los valores humanos que parecían ya consolidados en Europa.

Niño leyendo, por Francisco García Castro
Estoy en la sala de espera del Hospital Costa del Sol. Esa sala donde cada cual elige un punto fijo para dirigir la mirada. En el centro de la sala, con lo que parecen unos abuelos, un niño lee. Lo observo. El libro no parece un libro de asignatura. Deduzco, que ese niño lee por placer. Me llama gratamente la atención, y ese es el problema. Ver a un niño leyendo , es algo que no debería sorprender. 
¡Niños del mundo, leed! Leed, y si el ambiente no favorece, súbanse a un árbol –cual barón rampante– y vuelen, viajen, corran. Si el ambiente y los adultos no favorecen la labor, pues a los árboles. ¿Por qué no? Yo he visto a un niño leyendo en una sala de espera.


Ponerse el salvavidas, por Diego Mas Mas
Información urgente a los millones de personas que se lanzan a la carretera en estas fiestas, multiplicando el riesgo de accidentes, incluso mortales: ninguna de las 14 personas que murieron en el autobús en Freginals llevaba puesto el cinturón, al contrario de la mayoría de pasajeros, que sobrevivió. Lo mismo ocurrió antes en Sant Pol, donde fallecieron seis personas. El riesgo de morir en accidente disminuye en un 80% llevando puesto el cinturón, que por ello debería ser llamado el «salvavidas», tanto y más aún que el sistema usado en el mar, puesto que permite salvar a muchísimas más personas. El apelativo usado hoy de «cinturón» no sólo es genérico y equívoco –pues no se limita a la cintura– sino que suscita la idea negativa de restricción, de falta de libertad, cuando debiera recordarnos que nos ata? a la vida, incitándonos a usarlo, como salvavidas que es. Ese sencillo ajuste de denominación –muy fácil, si cuenta con el apoyo con los medios de difusión y autoridades– evitaría muchas muertes, incapacidades y daños que hoy aún tenemos que lamentar.

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