La mirilla

Modus operandi

25.03.2016 | 02:12

Que el canal oficial de la Comisaría Provincial te diga que no hay novedades en la investigación sobre el apuñalamiento de El Palo cuando sí las hay es una cosa. Si te consta que las hay y accedes a perder varias decenas de minutos de tu vida personal para obtener la confirmación oficial que tu conciencia exige para los casos comprometidos y luego no sólo no te cogen el teléfono, sino que no te devuelven la llamada, luego la rechazan y finalmente apagan el móvil oficial, es otra.

Ambas son tan reales como que los presuntos agresores no fueron localizados, tuvieron que entregarse ellos. Y como que, entre una y otra, nunca sabré por qué la Subdelegación del Gobierno informó de que el primer detenido había pasado a disposición judicial el miércoles por la mañana cuando eso no era cierto. Te tienes que enterar siete horas después por el juzgado de que por allí no ha pasado ni El Rico, pero en la comisaría te dicen vía conversación de besugos que desde allí no ha salido hacia la Ciudad de la Justicia ningún detenido relacionado con el caso y, acto seguido, desde la Subdelegación te insisten en lo contrario. Mientras pierdes la dignidad, la realidad es que hacia los juzgados no sólo están trasladando en ese mismo momento al chico que fue detenido el martes. También llevan al segundo, que esta vez sí se ha entregado como sospechabas pero que lamentablemente te ha sido imposible confirmar por la vía oficial, como sí hiciste el día anterior sin ser verdad. Yes. Preguntas por una detención y te confirman dos. Insistes un poco y les permites descubrir que no, que se han equivocado y encendido una noticia falsa de calado nacional que tienen que apagar llamada por llamada.

Cosas que pasan. Como cuando te interesaste en verano por una catarata de robos en trasteros y vehículos en Teatinos y su presunta vinculación con una agresión sexual a una mujer en el parking de un edificio. Ni una cosa ni otra. Te dicen que de aquella noche sólo les consta en la zona un incendio sin interés periodístico. Semanas después te tiras a la piscina porque el barrio está cagado de miedo y porque hay quejas hasta en el alto mando por los pocos recursos policiales destinados al caso. Una nueva agresión pone en jaque a la policía, que esta vez organiza un dispositivo de película que localiza al sospechoso en día y medio. Sabes que lo detienen y lo publicas sin que te lo quieran confirmar porque han convocado una rueda de prensa en la que no dicen ni la edad del arrestado, aunque sacan pecho y piden tranquilidad tras la gran alerta social que ha creado la publicación de la noticia.

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