Tribuna

Tengamos la fiesta en paz

25.03.2016 | 00:36

Málaga y la Costa del Sol están a tope. Buen tiempo, procesiones que llenan el ambiente, chiringuitos repletos. Las previsiones se han cumplido. Un balón de oxígeno que es antesala de lo que será este verano, en palabras del consejero de Turismo, Francisco Javier Fernández. Un verano que no quedará limitado al mes de agosto y algunos días de julio, sino que rompe las tradicionales barreras de la llamada temporada alta. Junio y septiembre serán, también, esplendorosos.

Confieso que ayer, paseando por el Marítimo de Torremolinos, con miles de ciudadanos tomando el sol en terrazas, dándose un garbeo, tomando el sol o sentados en bancos y pretiles, sentí la satisfacción de que las cosas en turismo se vienen haciendo bien desde hace ya tiempo. Los datos incluso hablan de que este sector ha creado un 7% más de empleos, aunque no todos sean de recibo, pero algo es algo.
Torremolinos estaba ayer de dulce, como Marbella o Nerja. En Benalmádena, sus playas eran como un mosaico de colores y en Mijas hasta los burros rebuznaban con más alegría, con la primavera colgada de sus encaladas calles. Y en Torre del Mar y en Fuengirola el turista nacional tomaba carta de naturaleza, llenando las playas y en el Rincón haciendo honor al tradicional boquerón vitoriano. Y en Torrox, made in Olmedo-don Ilde, con el mejor clima de Europa, teutones y teutonas, dándose la vidorra padre, abrevando en grandes cubos de cerveza. Y al otro lado, los emergentes - palabreja de moda- de Istán, Benahavís y Estepona que acuñan el diamante como sus señas de identidad; máxima calidad

Por deformación profesional he hecho un seguimiento de las promociones realizadas por Turismo Andaluz, tanto en prensa como en radio. Un acierto. Es una forma de vender lo que tenemos tocando la tecla más sensible del viajero y de quien se adentra en el interior de Andalucía para buscar nueves emociones; la excelencia de una naturaleza que se acerca al viajero, con los pueblos encalados de cariño, de tradiciones, de cercanía.

Es tiempo para solazarse, para tener la fiesta en paz, aunque en la cercanía del corazón y de los sentimientos ululen gritos de rabia y vaharadas de indignación en el alma con los atentados de Bruselas. Miedo me da que Europa escoja la senda de la limitación de las libertades individuales y colectivas en aras a la seguridad; miedo me da que grupos fascistas y xenófobos quieran convertirla en un campo de concentración; miedo me da quienes, con la sangre aún caliente, quieren sacar el ejército a las calles, y a las plazas. Miedo me da que en nombre de Dios o Alá se asesine. Y por eso gozo de alborozo cuando en La Paloma se soltaron cientos de palomas blancas, signo de amor y libertad.

Y miedo me da que en España sigamos con los garrotes levantados, como en el 2 de mayo goyesco. Y no salgo de mi asombro en tan señaladas fechas de concordia y entendimiento que sea judas quien se entronice en el Huerto de los Olivos, con engaños y trapisondas, queriendo llenar sus alforjas con las 40 monedas de la traición. Tengamos la fiesta en paz, si es posible.

A quien no le dejan tener un minuto en paz es a la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Déjenme en paz a la presidenta, algo imposible de pedir a quienes han hecho de la prensa de derechas la plataforma ideal para darle caña y más caña. De haber sido hombre, como a Cristo, le hubieran acercado a sus labios un trapo mojado en vinagre y sal. Tertulianos hay, y están en su derecho, de darle leña al mono, pero se les ve el plumero. La prensa de derechas tienen un objetivo claro en estos días de pasión: desestabilizar al PSOE y poner cargas de profundidad a Pedro Sánchez, con Susana Díaz de ariete. Pero hay más, en esta preclara estrategia asoma la cabeza quienes están locos porque salte a la política nacional. Saben y así lo asumen que mientras Susana Díaz siga en Andalucía, la derecha, o sea Moreno Bonilla, está condenada a ser oposición. Lo dicho, tengamos la fiesta en paz.

P.D.- (1) Me permitan una licencia personal: se nos ha ido, se me ha ido, un preclaro y honesto político andalucista, cirujano de profesión; amante y defensor de la Andalucía que sufre, que a principios de los años setenta hizo profesión de fe de esta tierra que lo vio nacer y morir. Me refiero a Diego de los Santos, histórico y silencioso cofundador del Partido Socialista de Andalucía (PSA). Mi recuerdo y mi homenaje a un hombre íntegro.

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