360 grados

La fatal atracción del populismo

28.03.2016 | 05:00

Los resultados de las recientes elecciones en tres Estados federados alemanes, en las que un partido claramente xenófobo ha logrado importantes avances a costa de la coalición gobernante, manifiesta la fatal atracción del populismo sobre unos ciudadanos que se sienten cada vez más vulnerables.

Los análisis posteriores a esos comicios indican que quienes han votado a la Alianza para la Alemania (AfD), un partido que ha hecho bandera de su rechazo a la inmigración, son personas de distinta extracción social que antes habían votado en muchos casos a los partidos tradicionales como la CDU, la CSU y también a los socialdemócratas.

Incluso, sobre todo en los «laender» del Este del país como el de Sajonia-Anhalt, el más xenófobo a juzgar por el éxito de las periódicas manifestaciones de grupos extremistas como Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), Afd ha logrado seducir a antiguos votantes de «Die Linke» (La Izquierda).

Muchos de los que se decidieron por AfD en los comicios regionales de Sajonia-Anhalt, Baden-Württenberg y Renania-Palatinado (estos dos últimos laender en la parte occidental del país), se niegan a que se les encasille en la extrema derecha y se dicen simplemente decepcionados por los partidos tradicionales.

El programa de AfD es tan ambiguo que puede dar acomodo lo mismo a quienes se oponen a la inmigración indiscriminada de gentes procedentes de otra cultura como la musulmana, su principal caballo de batalla, que a los que denuncian que en un país rico como Alemania haya 2,8 millones de niños amenazados por la pobreza.

Muchos exvotantes de la CDU, pero también los dirigentes de su partido hermano, la más conservadora CSU bávara, se quejan de que la canciller Angela Merkel haya llevado a su partido tan hacia el centro –algunos dirían incluso que invadiendo el terreno de la izquierda– que ha dejado desprotegido su flanco derecho.

Si a ello se suma el desamparo que parecen sentir también muchos votantes tradicionales socialdemócratas, que no ven que su partido haya podido adquirir un perfil propio en la actual coalición con la CDU/CSU, tenemos un perfecto caldo de cultivo que ha sabido aprovechar el partido que lidera Frauke Petry.

Un partido, Alternativa para Alemania, que parece debatirse a su vez entre un ala más preocupada por las cuestiones sociales – trabajadores pobres, desempleo–, y otra directamente marcada por el liberalismo económico, que defiende el libre mercado y las privatizaciones a la vez que critica la que llaman «cultura de la dependencia».

Esta última ala es heredera del cofundador del partido, Bernd Lucke, un conocido profesor de economía opuesto a la moneda común europea y a los rescates a los países del Sur, que el año pasado decidió abandonarlo por su giro cada vez más xenófobo bajo la dirección de Petry.

Los avances logrados por AfD, que tiene ya representación en un total de ocho Estados federados y se prepara para dar el salto al Bundestag, han generado preocupación en los tres partidos de la coalición de gobierno.

Muchos se preguntan si su éxito no tiene que ver con el hecho de que cada vez más votantes, sobre todo en las clases trabajadoras, se sienten desamparados por los partidos tradicionales, a los que acusan de no tener en cuenta su natural inquietud por las repercusiones que pueda tener sobre sus vidas, ya de por sí difíciles, el fenómeno inmigratorio.

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