Cartas al director

29.03.2016 | 05:00

Adiós a Johan Cruyff, por Javier Prieto Pérez
El mundo del fútbol está de luto y llora la repentina muerte de Johan Cruyff, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. En un guiño del destino, Cruyff nació en Ámsterdam, muy cerca del estadio del Ajax. Allí alcanzó sus mayores logros deportivos, incluyendo dos Copas de Europa. Pero su traspaso al Barcelona en 1973, el más caro de la historia hasta ese momento, catapultó su fama. Logró en su primera temporada acabar con la racha de catorce años que llevaba el club sin lograr la Liga y con el derrotismo que sufría a la sombra del Real Madrid. Transformó el espíritu del equipo desde el primer momento, desterrando los complejos y mostrándoles la senda del éxito. La técnica, plasticidad, elegancia y eficacia frente a la portería rival hacían de sus movimientos un espectáculo incomparable. Estas virtudes las acompañaba con una creatividad y clarividencia del juego extraordinarias. Tras abandonar el Barca en 1978, jugó en la liga americana y se retiró en 1983 en el Ajax de sus amores. Precisamente, en el club holandés debutó como entrenador en 1985. Su estilo atacante, atrevido y dinámico, basado en un esquema 3-4-3, puso a toda la crítica a sus pies. En esta nueva faceta fue un visionario, un adelantado a su tiempo que revolucionó y modernizó el juego. Su llegada al Barcelona en 1988, dotó al club catalán de un nuevo patrón basado en el ´fútbol total´, todos debían defender y atacar y sacrificarse por la colectividad. El dominio de la posesión y la calidad técnica de sus jugadores que dispensaban un buen trato a la pelota, eran sus señas de identidad. Los triunfos, incluyendo 4 Ligas consecutivas que acabaron con la ´dictadura´ de la Quinta del Buitre, no tardaron en llegar. Había nacido el deslumbrante Dream Team que tuvo su colofón en la Champions de 1992. De nuevo, Johan había logrado transformar el estilo y la mentalidad del equipo. Su proyecto tuvo continuidad con Frank Rikjaard y, sobre todo, con Pep Guardiola, como técnicos. Su huella y legado perdurará durante varias generaciones. Ya retirado del banquillo, siguió mostrando una personalidad arrolladora y rebelde. Se ha ido un genio, un mito, una leyenda para recordar siempre. Gracias, Johan.


Políticos por el cambio... de nombre, por Javier Sanz Ridruejo
A la puerta del Registro Civil se agolpan los políticos para cambiar su nombre, lo que antes de la democracia era privilegio de papas, reyes y bandoleros. El funcionario les pide hagan fila detrás de un señor, que viene recomendado, y pasa el primero. «-Mi nombre es Juan Mierda». El funcionario, amable con el recomendado, le comenta que comprende sus prisas por cambiar su apellido. «No, no: es el nombre. Quiero llamarme José». El segundo dice llamarse Cándido Méndez, de UGT, y quiere cambiar su nombre porque siempre tiene que protestar a quien le llama así: «¿Cándido yo? ¡Mierda»! Sigue una larga cola de políticos «Izquierdo» o «Iglesias», porque son –al menos hoy– de la acera de enfrente. Pero cuando el funcionario, llevado por la rutina, va a cambiar el apellido de Pablo Iglesias, de Podemos, éste comenta que él no cree en eso de derechas e izquierdas, que le da igual cambiar nombre o apellido, porque lo que le importa es no ser el segundo de nadie, ni del fundador del PSOE ni de sus seguidores. El último, por fin, Gabriel Rufián, de ERC, quiere, al contrario, modificar nombre y apellido, porque no están en catalán. Después de esto, el funcionario ha renunciado a su nombre y apellido y huido al extranjero.

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