Cartas al director

02.04.2016 | 05:00

LA PAZ DE DISEÑO
Es vergonzoso ser ajenos al sufrimiento de familias enteras de estos refugiados que quieren vivir dígnamente sus vidas, sintiéndonos egoístamente interferidos por nuestro «mejor» estado de bienestar al que ellos deberían tener derecho, porque la guerra les obliga al exilio que cualquiera haría (incluídos nosotros), si queremos evitar engrosar las dantescas listas de cientos de miles de muertos, en los 5 años que dura el conflicto.

El tratado Schenker cuestionado, una UE con más de 700 burócratas funcionarios en su parlamento, cansinos y lentos en tomar decisiones, obsesionados por el costo económico que ello va a representar para ayudar a estos exiliados, son insensibles al asedio de su dirigente, el presidente Bashar al-Assad, que los confunde por enemigos terroristas a su régimen autoritario republicano, cuyo gas y petroleo son moneda de cambio con Rusia en armamento y ayuda militar, para masacrar con bombardeos a la población.

El éxodo de estas familias con sus hijos de corta edad, también ocasiona muertos al intentar pasar ríos crecidos por las lluvias, o el mar hacia la costa a por ayuda, yendo de un lado a otro viviendo en cenagales con precarias tiendas de campaña, soportando vientos, humedades frío y hambrunas.

Los más de 7 millones de desplazados a otros países, incluídos los 2 millones largos de refugiados en Europa, ansían el definitivo asentamiento en el que se puedan ganar dígnamente su sustento, pero la UE hacen que encallen en en la frontera con Macedonia, acumulándose en Grecia y Turquía, por creerles ser un hipotético camuflaje del Islán.
Lluís Vinuesa Serrate
Málaga

Un cuento más...
Érase un país en crisis que quedó desamparado por la inquina de sus gobernantes. Pasados unos meses, sus habitantes comprobaron una mejoría latente en todos los índices que inciden en la buena gobernación: económicos, sociales, laborales... En el paso de un año, sin altos cargos al uso, se pudo constatar que todas las arterias por donde fluían estos importantes ratios nacionales estaban libres de «colesterol». Pudiéndose así diagnosticar, que la enfermedad era debida a los excesos de las personas y  no de su honrado sistema coyuntural. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte
Málaga

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