Tierra de nadie

¿Cómo se llega?

05.04.2016 | 05:00

Debe de haber un país, una comarca, una región, no sé, de personas desaparecidas. De hecho, muchas se esfuman para siempre. Alguien salió a dar un paseo por el parque y no volvió. La familia, pasadas unas horas, acudió a la policía, donde tomaron nota de la edad, el color del pelo, la ropa que vestía, etc., e inició la búsqueda. La mayoría de estos casos se resuelve, pero hay un porcentaje de desaparecidos que no regresa jamás y que está formado por personas de todas las condiciones. Hay mujeres, hombres, niños, ancianos, poetas, arquitectos, albañiles... Los hay que hablan en este idioma o en este otro. Entre ellos, se encuentra un compañero mío de la Facultad que ahora será, como yo mismo, un hombre mayor. Un día dejó de acudir a clase y cuando nos interesamos por su paradero nos dijeron que había desaparecido. ¿En dónde? Cerca de su casa. Había sacado a pasear al perro. El perro volvió, pero de él nunca más se supo.

Muchas veces, a lo largo de estos años, he pensado en Julio, que así se llamaba. Trataba de imaginarme dónde andaría y de este modo, casi sin darme cuenta, fui construyendo un país fantasmal al que iban los que desaparecían de nuestras vidas sin haber fallecido. Tengo un cuaderno de notas para una novela que no llegué a escribir y que empezaba con una conversación entre un hombre y una mujer que acababan de llegar a esa región de gente evaporada. Ella había desaparecido de forma voluntaria. Él había sido arrebatado de su mundo por una fuerza misteriosa y había recalado en este otro, del que intentaba escapar sin hallar la puerta. La mujer conocía la salida, pero no estaba dispuesta a facilitársela. Significa que en el país de los desaparecidos hay gente que puede volver y gente que no. Y los dos grupos conviven con las tensiones que implica esta diferencia. A veces se casan entre ellos. Tienen hijos también que heredan esta doble circunstancia de querer y no querer. Todo ser humano en cuya vida hay un desaparecido trata de imaginarse dónde andará. La suma de esas fantasías da lugar al país al que me vengo refiriendo. Un país con un enorme atractivo novelesco, pero al que ni la policía científica sabe cómo se llega.

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