Tierra de nadie

Tiene su miga

12.04.2016 | 05:00

La cantidad de sumandos en el Libro Mayor de la Corrupción ocupa tantas páginas que, atentos al conjunto, perdemos el detalle. Y hay algunos apuntes bárbaros. Ana Botella, por ejemplo, jamás ganó unas elecciones, pero tenía el capricho de ser alcaldesa de Madrid porque sí, porque «me lo merezco», como dice el anuncio. Así que, del mismo modo que a Rita Barberá le regalaban bolsos de Louis Vuiton, a la esposa de Aznar le obsequiaron con el bastón de mando de la capital de España. El testaferro de la artimaña fue Ruiz Gallardón, que se presentó a los comicios, los ganó y le pasó el testigo a esta señora que iba a la peluquería en el coche oficial. Botella desapareció cuando terminó su mandato, porque en una contienda electoral limpia no tenía nada que hacer. Pero ya había pasado a la historia, que era lo que deseaba.

¡Y vaya si pasó! Por irse de fin de semana a Portugal a los dos días de que murieran cinco jóvenes en una macrofiesta madrileña repleta de irregularidades. Es un ejemplo. También alcanzó fama universal por su discurso ante los miembros del COI, supuestamente en inglés, con el que perdimos definitivamente la posibilidad de que Madrid fuera la sede de los Juegos Olímpicos en 2020. Su intervención, que tiene miles de visitas en YouTube, ha pasado a la historia del humor, en vez de a la de la política. Si usted es capaz de verlo sin morirse de vergüenza ajena, se reirá durante una semana. No es raro que la gente lo pinche en familia, después de la paella de los domingos, para solaz de mayores y jóvenes.

Le debemos mucho, en fin, a esta exalcaldesa sobrevenida. Pero si lo anterior no fuera poco para justificar su mandato, resulta que doña Ana vendió miles de pisos de protección oficial, en los que vivían familias de pocos recursos, a un fondo buitre de inversiones inmobiliarias. Para cerrar la operación deprisa y corriendo, al objeto de no dar ninguna opción a la decencia, los regaló a la mitad de su precio, provocando enormes pérdidas al ayuntamiento que presidía. Como era de esperar, el fondo buitre subió los alquileres a los inquilinos, muchos de los cuales acabaron en la calle. Un mero apunte en el Libro Mayor de la Corrupción. Pero tiene su miga.

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