Tierra de nadie

Lo común es asombroso

19.04.2016 | 05:00

Si no existieran las abejas, pero se le ocurrieran a un novelista, ¿en qué género incluiríamos su hallazgo? ¿Y cómo lo resumiríamos?

–¿De qué va el libro que estás leyendo?

–De unos animales pequeños, con alas, capaces de construir arquitecturas perfectas de cera, a base de hexágonos, en los que almacenan el néctar extraído de las flores para transformarlo en un alimento delicioso llamado miel.

–Ya.

–Viven en grupos formados por obreras, zánganos y reinas. Los zánganos fecundan a la reina, las obreras recolectan la miel y el polen, y las reinas son las que procrean.

–Ya, ya.

–Las obreras tienen dos estómagos, uno individual y otro social. En el primero guardan aquella comida de la que pueden hacer uso para su mantenimiento y, en el segundo, el que pertenece a la comunidad.

–Muy interesante.

–Tienen en el interior del abdomen un aguijón extraíble, como un sable, dotado de un veneno muy potente, para defenderse de sus enemigos.

–¡Qué bien!

Quien dice las abejas, dice las hormigas, algunas de cuyas especies roban las larvas de los hormigueros ajenos y convierten en esclavas a los adultos resultantes. Significa que no dan ni golpe. Dependen tanto de las esclavas que, si estas abandonaran la comunidad, morirían de inanición, pues son incapaces de moverse incluso en situaciones límite.

Quien dice las hormigas, dice los insectos en general. Los insectos son una novela alucinante, literalmente hablando. No es raro que tengan el protagonismo que tienen en los casos de delirium tremens. Claro que si abandonamos el mundo de los insectos e imaginamos que no existen los mamíferos, pero que se le ocurren, no sé, a una cucaracha escritora, saldría también una historia fuera de lo común. La verdad es que tomamos por común lo asombroso. Estas manos mías, por ejemplo, golpeando sobre el teclado del ordenador, hablando de abejas, de hormigas, hombres?

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine