En corto

Siguen en lo suyo

20.04.2016 | 05:00

En la cultura patriarcal la homosexualidad está proscrita, da igual que esa proscripción se manifieste como delito, enfermedad, vicio o pecado. La razón última es que diluye las fronteras entre hombres y mujeres, con sus roles respectivos, indispensables para ejercer el supremacismo patriarcal. Ese supremacismo forma parte de la entraña orgánica, dogmática y funcional de la Iglesia Católica, por más vueltas que quieran darse y más evolución que quiera imaginarse o fingirse. El rechazo por el Vaticano al nombramiento del embajador de Francia propuesto por el Eliseo, que se había declarado homosexual, resulta totalmente coherente con la homofobia constitutiva de la Iglesia; y habría que agradecer incluso el gesto, por su sinceridad, pues hace que se esfumen infundadas esperanzas de apertura, tontas ideas de que el supremacismo masculino alojado en Roma pierda prestancia.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine