Sol y sombra

Justicia poética

El banco obtendría un trato favorable por Ausbanc si se gastaba la intemerata en publicidad

21.04.2016 | 05:00

La red de extorsión que tenían montada Manos Limpias y Ausbanc para coaccionar a bancos y personas empezaba cuando la segunda –teóricamente sin ánimo de lucro, como el instituto Nóos– recibía la denuncia de un grupo de usuarios contra una entidad financiera.

Los incautos denunciantes acudían a Ausbanc para reclamar sus derechos, pero, según el Ministerio del Interior, con la información que obtenía de ellos, la entidad presidida por Luis Pineda no defendía a su cliente (el grupo de usuarios), sino que intentaba «fidelizar» al banco sugiriéndole la firma de un falso convenio publicitario a cambio de «rebajar las pretensiones» de los denunciantes «o incluso archivarlas».

El convenio consistía en que el banco obtendría un trato favorable en las revistas de Ausbanc si se gastaba la intemerata en publicidad en sus páginas.

Y si eso no daba resultado, entraba en escena Manos Limpias. El pseudosindicato, financiado por Ausbanc, anunciaba su personación en el caso (que ya no era queja ciudadana, sino demanda) y con esa presión encima de la mesa se negociaba con el banco: firmando el convenio, la demanda era retirada o se rebajaba su alcance.

En esa red, al parecer, quisieron atrapar a la infanta Cristina los cabecillas del tinglado, el citado Pineda y el secretario general de Manos Limpias, Miguel Bernad, ambos de impoluto pasado ultra.

O al menos así lo han denunciado los abogados de la hermana del Rey, a quienes Pineda y Bernad reclamaron el pago de tres millones para retirarse como acusación del «caso Nóos», una acción judicial que Manos Limpias ejerce en solitario, lo que dejaría a Cristina de Borbón automáticamente absuelta.

Y, de paso, permitiría cerrar el círculo: el juicio a los desmanes de una entidad sin ánimo de lucro (Nóos) quedaría desprovisto de su pieza más codiciada gracias al descubrimiento de los desmanes de otra entidad sin ánimo de lucro (Ausbanc+Manos Limpias), que era la que tenía la pieza sujeta entre las fauces.
Justicia poética, ¿no?

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