Cartas al director

06.05.2016 | 05:00

A Miguel Márquez y D. Demófilo Peláez, por Pedro Medina

Queridos amigos: 

El pasado 29 de marzo se celebraron dos funerales en sendas parroquias de la barriada de El Palo. 

A las 10.30 horas, en San Juan de la Cruz, por el alma de D. Miguel Márquez y a las 17.30 horas en la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, por D. Demófilo Peláez. 

Fue Miguel un excelente jardinero, común opinión de cuantos le conocieron, empleado muchos años en el Ayuntamiento de Málaga, verdadero maestro en el arte de adornar los tronos que son procesionados en Semana Santa y en fiestas tan populares y emotivas como son las de la Virgen del Carmen, patrona del mar y sus marineros. 

Él embellecía todos los años el trono de la Virgen del Carmen paleña. (Me vienen ahora a la memoria los sentidos versos de D. Carlos Ruiz del Portal: En un rincón de los cielos/ la garganta pregonera/ del gran Niño de las Moras/ con su personal manera/ canta a la Virgen del Carmen/ una Salve Marinera/. El 16 de julio/ la barriada paleña/ celebra su fiesta grande/...).

La homilía en el funeral de Miguel fue pronunciada por el celebrante, un jovencísimo presbítero sobrino del difunto. Se palpaba en sus palabras, al borde del llanto, el gran cariño que le profesaba. 

A las 17.30, en las Angustias, con lleno desbordante y la presencia de la primera autoridad municipal, el Excmo. Sr. Alcalde D. Francisco de la Torre, la homilía fue pronunciada por el párroco D. José Antonio. Como siempre, lo hizo con la brevedad, claridad y propiedad que le caracterizan. Destacó sobre todo las cualidades humanas que enriquecían a Demófilo y la ejemplar forma de comportarse en todas las facetas de su vida.

Sus seis hijos subieron al presbiterio y, emocionados, ensalzaron la egregia figura de su padre. Demófilo destacó que comenzó a trabajar con tan solo 9 años.

Quiero hacer hincapié en la maravillosa labor social que lleva a cabo la popularísima Peña El Palustre, de la que Demófilo fue fundador, alma y primer socio. 

Quisiera detenerme ahora, una vez destacada la cualificación profesional de estos dos hombres, en lo que sin duda alguna es más relevante: sus cualidades humanas. 

Entre muchas, destaco tres que me parecen básicas en todo hombre de bien, como ellos eran: honradez, laboriosidad y sencillez.
Estos son los lazos que unían a estos dos obreros y que les hacen formar parte de la gran familia de mujeres y hombres, que con estas mismas virtudes, le precedieron... y los que con idénticas características aún se encuentran entre nosotros. 

Permítaseme ahora recordar, por proximidad familiar, sentimiento y gratitud –sabiendo que, gracias a Dios son legión– a mi padre, Medina, de oficio zapatero, que comenzó a trabajar con Demófilo a los 9 años y falleció con 67 víctima de un infarto cerebral cuando cosía un zapato.
Jamás disfrutó de unas merecidas vacaciones ni de un seguro médico adecuado.

También la muerte de Demófilo fue súbita, causada por un infarto fulminante.

Hombres sencillos, honrados, trabajadores, orgullo de sus familiares, amigos y vecinos, orgullo de la sociedad en la que estaban insertos e inmersos, ejemplo para sus hijos y nietos, ejemplo para todos.

Una oración de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) expresa el ferviente deseo de que «los obreros muertos en el campo de honor del trabajo, por la misericordia de Dios, descansen en Paz». 

Nos llena de pena y entristece la muerte de estos seres queridos, pero nos consuela «la promesa de la futura inmortalidad» (Prefacio de Difuntos).

Nuestra fe inquebrantable nos consuela en la firme esperanza de que ya se encuentran en la presencia de Dios, nuestro Padre.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine