Tierra de nadie

Rinitis

06.05.2016 | 05:00

De una dolencia habitual se dice que es crónica. Mi madre nos advertía de los catarros mal curados porque cronificaban la tos. Los avances en medicina están convirtiendo en crónicas enfermedades que hasta hace poco eran mortales. Se dice de estas enfermedades que no te mueres de ellas, sino con ellas. Todo esto viene a significar que la cronificación no siempre es indeseable. La campaña electoral ha devenido crónica desde hace varios años. Algunos jóvenes serán incapaces de recordar un solo momento de su vida sin campaña. Tendríamos que remontarnos mucho en el tiempo para recordar un telediario de sábado o domingo que no abriera con un mitin o cualquiera de sus sucedáneos. Pero nos hemos acostumbrado a la campaña como a la tos del catarro mal curado.

Quiere decirse que la vida sigue. Acabo de venir de la plaza, donde he tenido que hacer cola en varios establecimientos, lo que me ha permitido escuchar las conversaciones de la gente. Y nadie hablaba de la campaña, ni de la repetición de las elecciones, ni del gobierno provisional. Convivimos con la interinidad política como con la rinitis primaveral. No es que nos guste la rinitis, pero por la mañana, en la ducha, nos limpiamos las narices con agua con sal, que es astringente, y vamos tirando sin necesidad de contar a nadie la historia de nuestras mucosidades. Si alguien hace alusión a ello, le decimos:

-Nada, un catarro mal curado.

En política, vivimos las consecuencias de unas elecciones mal curadas. Mal tratadas, cabría decir. Observados con perspectiva los resultados del 20D, nos parece que los partidos podrían haber llegado a un arreglo. Tuvieron cuatro meses para diseñar el edificio, pero no fueron capaces, qué le vamos a hacer. Por fortuna, su incapacidad no ha provocado un desastre, solo pequeñas molestias que se pueden aliviar con remedios caseros. Dado que todos los líderes han expresado su deseo de gastar menos en esta segunda vuelta, sus mítines serán menos ruidosos, sus declaraciones, quizá, menos altisonantes, de forma que usted, la macroeconmía y yo prestaremos menos atención a sus discursos. A menos que haya alguien que hable al fin con esperanza y fundamento de la economía doméstica.

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