Mal de ojos

Aquí mando yo

08.05.2016 | 05:00

Qué clase de crítico es un crítico que habla de un programa que ya no se emite y que duró menos que una visita de Rajoy al Congreso para dar explicaciones de su gestión al frente de un Gobierno que pone el cazo para cobrar a fin de mes pero se tapa la boca por si entran moscas. Hablo de Aquí mando yo, del que Antena 3 sólo emitió un programa. Quien manda en el mando es el que manda. Eso lo sabe todo el mundo. Quien manda en el mando es quien maneja la barca. Dime quién tiene el mando y te diré quién manda. Y así todo el rato. Antena 3 estrenó Aquí mando yo hace unos viernes. Un fracaso que no llegó ni a la audiencia de Dos días y una noche, el programa de los viernes por la noche de Susana Griso, que hacía una especie de En tu casa o en la mía –siempre era la del invitado–, con hospedaje incluido. Se fue sin mucha polvareda y Aquí mando yo llegó aún peor. ¿Quién quiere ver a gente viendo la tele? Esa era la propuesta. Tú, en casa, te metes en la de los otros para ver quién manda en el mando, qué comentarios hacen ante este u otro programa, o qué caras ponen. Quitado el factor sorpresa, lo demás es un aburrimiento. Es un programa sin tirón. No te lo crees. Tiene más interés la ida de olla de cualquier profesor de filosofía que los comentarios ante la tele. Claro que si nos ponemos filosóficos habría que estudiar por qué hay gente que mira a gente que se encierra en una casa y se tira en un sofá tocándose la flor en un bucle sin fin. Una de las elegidas por el programa para ver sus reacciones, Carolina Iglesias, joven llamémosla deslenguada, llamémosla avispada, o resumamos llamándola como ella quiere, o sea, youtuber, ironizó al enterarse de que Antena 3 suspendía la emisión diciendo que hubiera triunfado si se hubiera llamado Aquí manda mi coño. Es lo mismo, pequeña...

Ágatha, la pavipija

Antena 3, cuando vio el morrocotudo fracaso lo retiró con excusa real, enviaremos el programa, dijeron, a talleres después de no pasar la ITV, como dijo el rey que no es rey pero sigue colgado a la teta pública al salir del hospital en otro de sus comentarios tan, tan campechanos, época en la que aún hacía gracia el Borbón. Cuando una cadena dice que envía un producto al taller, quiere decir que se lo limpia sin piedad –lo ha hecho esta semana con Top Dance–. He dicho antes morrocotudo, y lo he dicho a conciencia. La palabra la usó la semana pasada la señora de la casa, casa de muñecas donde habitan Ágatha Ruiz de la Prada-Pavipija, y don Pedro José Ramírez, el de los tirantes, el periodista irreductible, el tipo que hizo de los atentados del 11M en Madrid un cuento miserable y llevó al periódico que dirigía a un abismo de desprestigio sin fondo. Aquí mando yo, dijo la audiencia. Y la audiencia se fue a ver La embajada en Antena 3. Toma castaña, y castañazo de Mi casa es la tuya, y eso que no tiene precio escuchar a la «diseñadora antidepresión» decir que «lo más guay es ser duquesa de Alba». Tampoco fue manca la escena de disfrazar a Fabiola Martínez, señora del cantante de rancheras, con los adefesios de la pavipija, que ella llama «agathizar» a la peña. Pero la cumbre del primer programa se lo llevó la escena de la sirvienta. En el comedor, con mesitas de parvulario, los invitados y anfitriones son servidos por una sombra agathizada a la que la pavipija obliga a llevar sus horrendas vestimentas. Por mucho que gane la asistenta, no está pagada semejante humillación. ¿Se puede ser más hortera que enseñar a la criada –¿se dice todavía criada?– sirviendo con guantes blancos la comida a los señores, ellos con estricta corbata «porque Pedro J. jamás come sin corbata»? La basca de Telecinco los mandó a por madalenas.

Pepe y el «amateur»

En su primer asalto, La embajada pudo con Mi casa es la tuya. Por una noche Antena 3 pudo decir, aquí mando yo. Andreu Buenafuente invitó a Belén Rueda, protagonista de la serie, a Late Motiv, y echaron unas risas con el triunfo de la ficción que cuenta las andanzas del embajador español en Bangkok y su familia, en el punto de mira de la red de corrupción que anida en la embajada. De repente, el invencible Bertín Osborne, acostumbrado a mandar en el mando, se cayó del guindo y no alcanzó ni el 14 %. Esta semana han tirado de rancio para remontar –Fran Rivera, y han dado en la diana, una entrega turbia, machista, aburrida, la de dos tipos que flipan en la cocina, territorio hostil, terreno de hembras–, pero si la cosa no sube como quieren, ya lo dejo escrito, echarán mano de Belén Esteban o de cualquier pelanas al grito de un Paolo Vasile desencajado que deja claro que sí, que ahí manda él. Igual que la fiscal que lleva el caso de Rita Maestre, que solicita la confirmación de la condena que se le impuso a la concejala de Ahora Madrid –por protestar en 2011 con las tetas al aire por la existencia de espacios religiosos en la universidad– argumentando que «las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres, bolleras, o lo que quieran ser, pero esa conducta ante el altar? implica un ánimo evidente de ofender». Vaya con la fiscal. Pero el que esta semana ha mostrado una cara de perro que ladra en cuanto las críticas le alcanzan la papada –igual que el cínico Juan Luis Cebrián, que celebró el 40 aniversario de El País hablando de libertad de prensa, eso sí, hasta que un cantamañanas como Ignacio Escolar le relacione con petroleras y Panamá– fue Pepe Rodríguez, que dejó claro que en Masterchef es el amo, un aquí manda mi coño, que diría Rita Maestre ante un altar de frutas y verduras. Se lo dejó cristalino –como se dice en El secreto de Puente Viejo– al concursante valenciano David, que murmuró que los comentarios de Pepe eran humillantes y gratuitos, pero Pepe, sobrado, chuleta, dijo «no me voy a justificar ante un amateur». Como vemos, a un lado y otro de la pantalla se libran guerritas para dejar claro quién manda en el mando –del concurso, de la prensa, de las audiencias, de la política–.

La guinda

Ángel de andrés
Se ha ido joven, con 64 años. Las hagiografías ensalzan la carrera del actor Ángel de Andrés López, y en verdad se lo merece porque tuvo algunos trabajos memorables o, al menos, destacables, algunos de la mano de Pedro Almodóvar. Pero no, no me trago el que justo se destaque su terrible Manolo –y Benito, que hacía Carlos Iglesias– en ese bochorno llamado Manos a la obra, que emitió Antena 3 para tormento de inocentes.

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