Columna abierta

Sea bienvenido el alcalde de Londres

Obama y Khan lideran lo que entiendo irrenunciable para el futuro del mundo, que es el mestizaje universal de sangre y cultura. No proceden de las clases dirigentes sino de los estamentos populares

12.05.2016 | 05:00

Al igual que la llegada de Obama a la Casa Blanca, la elección como alcalde de Londres del musulmán de origen paquistaní Sadiq Khan tiene una significación excepcional para todas las democracias del mundo libre. Compensa en buena medida del crecimiento del ultraderechismo racista en Europa y EEUU, además de desafiar la psicosis agigantada por el terrorismo islámico en ambas zonas, que son bastiones de la libertad y los derechos civiles.

Las grandes urbes modernas, concretamente Londres en el Reino Unido y Nueva York en Norteamérica, no guardan simetría con la identidad profunda de las mayorías nacionales, mucho más lentas en el metabolismo social de los cambios históricos en condiciones de paz.. Pero su influencia acaba abriéndose paso en el inconsciente colectivo, asomado al espejo de las megápolis desarrolladas aún cuando sea para criticar su dinamismo transformador y su estilo de vida.

Obama y Khan lideran lo que entiendo irrenunciable para el futuro del mundo, que es el mestizaje universal de sangre y cultura. No proceden de las clases dirigentes sino de los estamentos populares. El laborista Khan ha derrotado al partido de su antecesor, un tory antieuropeo; y a su rival en las elecciones, un magnate emparentado con el clan Rotschild, la aristocracia judía del dinero. La victoria absoluta de Cameron –de origen nobiliario– en los últimos comicios generales, no se ha proyectado en la carrera por la alcaldía londinense, de la misma manera que el demócrata Obama rompió por dos veces el frente republicano que heredaba la también doble legislatura de Bush, miembro de la plutocracia petrolera. Sin embargo, el conservador Cameron tiene que celebrar el europeísmo activo de Khan a poco más de un mes del referendum británico.

El panel del cambio se enriquece cada día con acontecimientos de esta naturaleza, como también con los de alcance planetario: crisis del espionaje cibernético, caída estrepitosa del secreto de los paraísos fiscales, apertura –lenta, pero imparable– a las corrientes migratorias, evitación –aún inestable– de conflictos bélicos generalizados, acoso a las dictaduras del subdesarrollo, duras negociaciones de libre comercio que eligen a Europa en lugar de desplazarse al Pacífico, y muchos otros de valor análogo. Por grandes que sean la confusión y los problemas que originan estos cambios, sus consecuencias finales mejorarán las condiciones de vida de una gran parte de la población del mundo e influirán en la necesaria evolución de la otra parte. Bienvenido el alcalde Khan, signo y símbolo de que esto se mueve.

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