Al azar

El 'bullying' a los bancos

15.05.2016 | 02:45

Por favor, aparte sus ojos de la terroríficas líneas siguientes: el presidente de Ausbanc publicaba en su lamentable revista artículos feroces a favor de quienes le pagaban. Es decir, un truhán de Madrid se servía de un panfleto que nadie recuerda haber leído para atacar a sus enemigos y defender a sus amigos. Si el Ciudadano Kane levantara la cabeza. O Rupert Murdoch, en su defecto, aunque ambos gozan de la ventaja de practicar un amarillismo de excelente calidad sensacionalista y audiencias millonarias. De no mediar la necesidad imperiosa de librar a la Infanta del banquillo, el comportamiento de los falsos defensores de los clientes de bancos se inscribiría bajo el epígrafe de la picaresca.
A propósito, las cantidades exorbitantes obtenidas por Ausbanc se hallan en el rango de los ingresos percibidos en el Instituto Nóos, también sinónimo de lucro y por idéntico concepto. A menudo se repite incluso el palmarés de las grandes empresas que contribuyeron generosamente a ambas iniciativas falsamente altruistas. Sin embargo, ni uno solo de los donantes empresariales ha denunciado al cuñado del Rey. Han aceptado en silencio la penitencia del daño reputacional, la deshonra, las inspecciones de la Agencia Tributaria y sanciones fiscales muy elevadas, a cambio de no incomodar ni tangencialmente a La Zarzuela. Los caminos de la justicia son inescrutables, pero tiene su gracia la persecución a rajatabla de unos saqueadores de fondos privados, que debe conllevar la retirada de la acusación a una Infanta procesada en un escándalo de saqueo de fondos públicos.

Dejarse engañar por el yerno del Rey ofrece una mínima pátina de respetabilidad, un argumento para una tertulia de los magnates afectados con sus compañeros de golf y cacerías. Ahora bien, sorprende que la prensa siempre retorcida acepte con naturalidad que las grandes marcas financieras se dejaran extorsionar por un triste buscavidas plebeyo, en contra de la legendaria y por lo visto exagerada imagen de la omnipotencia bancaria. A Urdangarin puede incorporarlo en la pantalla uno de los mediocres galanes que abundan en el cine español. Para encarnar a los líderes de Ausbanc y Manos Sucias, habrá que resucitar a Tony Leblanc. Lo cual aumenta el ridículo de las víctimas de sus fechorías.

Pese al encomiable esfuerzo del equipo de rescate de la Infanta, la sociedad no está preparada para aceptar que los bancos han sido víctimas inocentes de bullying a cargo de un manojo de catetos. Atendiendo a la versión oficial, las instituciones financieras sentían pánico ante la coacción de una revista de la que desconozco hasta el nombre, y que nunca he consultado en una admisión de mi nula diligencia profesional. En cambio, confieso mi voracidad hacia los reportajes de investigación de Interviú, donde se cuentan desde hace décadas los manejos de Ausbanc. El procedimiento de acoso a las poderosas entidades se remonta en el tiempo, pero cursaba sin una tímida denuncia.

El más fuerte de la clase no suele sufrir bullying. El espejismo colectivo, sustentado en la incomprensión del martirio que sufría la banca a manos de Ausbanc, se traduce en los sondeos de corte estatal. Según el penúltimo barómetro del CIS, tres de cada cuatro españoles desconfían de sus bancos. Uno de cada tres «no confía nada en absoluto». Las entidades bancarias obtienen una puntuación media de 2,6 sobre diez, superada incluso por Rajoy. La sociedad muestra un aprecio notablemente superior hacia la prensa, pese a la contaminación que suponen las revistas extorsionadoras ahora denunciadas. La investigación que alterará el banquillo de los Urdangarin establece que el responsable de la redacción de bribones presumía de que «le voy a meter una» andanada a un banco poco receptivo a sus exacciones. Escalofriante, hasta dónde vamos a llegar.

El país andaba distraído con la broma de los preferentistas, o escandalizado sin motivo por el abono de un cheque familiar de 25 mil euros para el rescate de Bankia. Ha aflorado la descarnada realidad, resulta que las entidades bancarias amenazadas por una revista volandera eran lo más próximo a la crisis de los refugiados que sufría España. Por fortuna, el bullying a las humildes entidades ha sido interceptado. A partir de ahora podrán competir en igualdad de condiciones con el resto de los privilegiados ciudadanos. Si uno de los efectos colaterales es la liberación de una Infanta inocente a primera vista, mejor que mejor.

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