La semana

Cuando los escritos judiciales son trinchera

15.05.2016 | 05:00

La fiscal del caso de la invasión de la capilla de la Complutense, Marisa Morando, considera que la hoy portavoz y concejala de Bienestar Social del Ayuntamiento de_Madrid, la podemista Rita Maestre, «alardeó» con sus conmilitonas de «ser putas, libres y bolleras». Y lo hicieron cuando se despojaron de sus ropas ante el altar, «espacio sagrado para los católicos al encontrarse allí el Sagrario, lugar donde según sus creencias se encuentra su Dios».

Lejos de dejar al público con la tranquilidad de que la Fiscalía defiende el tenor de la ley y los intereses de la sociedad, Morando ha sembrado muchas dudas, hasta el punto de que hay quien sostiene que en realidad ha hecho una profesión de fe, cuando lo único que se le pedía era un neutro escrito jurídico. Y así no hay forma de enterrar un asunto que ya huele más de la cuenta. El propio arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, hace tiempo ya que se ha lavado las manos, perdonando a Rita Maestre y evitando que la Iglesia se personase como acusación.

Incluso desde las esquinas más «conservadoras» de la judicatura se admite que quizá la fiscal Morando debiera haber adoptado un tono menos agresivo. Cierto que las expresiones utilizadas están todas y cada una de ellas en la sentencia dictada por el Juzgado de lo penal número 6 de Madrid. Pero «quizá no debiera haber recurrido a una redacción tan directa, quizá lo mismo se hubiese podido decir sin esos giros que pueden resultar ofensivos, con un tenor más neutro, más aséptico, sin entrar tan al trapo», cree que el magistrado Juan Carlos García López, presidente en Asturias de la Asociación. Profesional de la Magistratura. Aunque también es verdad que «hay que ponerse en la piel de esta fiscal, que ha tenido que lidiar con un asunto muy mediático», opina.

El gremio de los acusadores públicos defiende sin fisuras a una de los suyos. El fiscal jefe de Madrid dice que la postura de Morando es la suya propia. De otro modo se rompería la dependencia jerárquica y habría que empurarla. Para el portavoz de la Asociación de Fiscales, Emilio Frías, si las expresiones controvertidas figuran en la sentencia, pueden ser usadas aunque sean malsonantes. Y Salvador Viada, de la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales, opina que el escrito no está pensado para dar opiniones personales de enseñanza social sino para convencer a unos magistrados. Vamos, que Morando les ha agarrado directamente de las solapas.

Pero una cosa es la vehemencia y otra la inquina. El escrito rezuma un nosequé, una retranca que ha sentado como un tiro a los profesionales de la Justicia de la vertiente digamos «progresista». «Utiliza expresiones cuando menos muy curiosas, unos argumentos poco jurídicos que desde luego no ayudan a sosegar el debate», cree Julio Martínez Zahonero, de Jueces para la Democracia. «Deja entrever cierto activismo, unos argumentos que tienen que ver más con lo teológico que con los jurídico», considera.

¿Cómo entender párrafos como éste: «La ridiculización del papel de la mujer en la Iglesia, las frases con rimas pretendidamente ingeniosas, el mostrar el torso desnudo o el sujetador en un espacio que para los católicos es sagrado, el alarde de su forma de vivir que implica expresiones que llevaban pintadas en su torso, tales como ´violenta, bollera, puta, libre, lesbiana´, supera con mucho la libertad de expresión?» ¿Qué quiere decir con la expresión «su forma de vivir»? ¿Y con la palabra «alarde»? ¿No puede cuestionarse el papel de la mujer en la Iglesia? ¿Se está juzgando a una persona por ofender los sentimientos religiosos de los católicos o por el pésimo gusto de los eslóganes exhibidos? ¿Es tanto pedir que se dejen las creencias personales en casa y los profesionales de la Justicia apliquen única y exclusivamente la ley?

Se puede ser católica, defender las esencias del cristianismo, desaprobar las acciones e intenciones de las feministas, incluso hacer chistes sobre ellas –como sobre todo el mundo, faltaría más–, pero no en un escrito judicial, que es como mínimo un espacio tan sagrado y digno de respeto como una capilla, o al menos eso nos gustaría a tantos españoles hartos de alardes a un lado y otro de ese frente de trincheras en que se está convirtiendo la vida en este país.

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